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Manolo García se subió a la escena como si no hubiera salido. El nuevo álbum, "Drapaires poligoneros", no podía quedar inédito en directo. Lo que hace el artista es impredecible: puede ser un conquistador del Auditori del Fòrum, pasando de la introspección a un despotricio sobre la sociedad.
El repertorio de El Último de la Fila se dejó reposar en esta gira otoñal. "Arena en los bolsillos", su primer álbum en solitario, es un clásico que sacudió la memoria sentimental del público con canciones como "Como quien da un refresco" y "Sobre el oscuro abismo en que te meces". La noche estrenó una década de canciones nuevas, como "Fuego fatuo" y "Lustre o lumbre", que desplegaron bellos contornos y ese fondo poético tan suyo.
Manolo García se subió a la escena con una voz cálida y carnosa en excelente estado. El concierto estrenó un álbum de estreno en catalán, "Drapaires poligoneros", que cantó sentado y acompañándose de los bongos. La primera pieza fue una obra maestra, con un cuidado artesanal y una vibración orgánica. El público se dejó llevar por canciones como "Zapatero" y "A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando".
El show estuvo lleno de guiños oníricos: proyecciones naturalistas, las figuras de estilizados flamencos, una banda pulcra y amplia con hasta cuatro guitarristas. La noche también contó con un Manolo García desencadenado, despotricando sobre temas como la bolsa, los sueldos insuficientes y Carlos Mazón. El público se dejó llevar por canciones clásicas como "Nunca el tiempo es perdido" y rancheras como "Volver, volver". La noche terminó con una cita a El Último, esa garantía de algarabía llamada "Insurrección", que apuntaba al horizonte de esa reunión familiar que se vislumbra para muy pronto.
El repertorio de El Último de la Fila se dejó reposar en esta gira otoñal. "Arena en los bolsillos", su primer álbum en solitario, es un clásico que sacudió la memoria sentimental del público con canciones como "Como quien da un refresco" y "Sobre el oscuro abismo en que te meces". La noche estrenó una década de canciones nuevas, como "Fuego fatuo" y "Lustre o lumbre", que desplegaron bellos contornos y ese fondo poético tan suyo.
Manolo García se subió a la escena con una voz cálida y carnosa en excelente estado. El concierto estrenó un álbum de estreno en catalán, "Drapaires poligoneros", que cantó sentado y acompañándose de los bongos. La primera pieza fue una obra maestra, con un cuidado artesanal y una vibración orgánica. El público se dejó llevar por canciones como "Zapatero" y "A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando".
El show estuvo lleno de guiños oníricos: proyecciones naturalistas, las figuras de estilizados flamencos, una banda pulcra y amplia con hasta cuatro guitarristas. La noche también contó con un Manolo García desencadenado, despotricando sobre temas como la bolsa, los sueldos insuficientes y Carlos Mazón. El público se dejó llevar por canciones clásicas como "Nunca el tiempo es perdido" y rancheras como "Volver, volver". La noche terminó con una cita a El Último, esa garantía de algarabía llamada "Insurrección", que apuntaba al horizonte de esa reunión familiar que se vislumbra para muy pronto.