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El pensador italiano Emanuele Coccia nos plantea la cuestión: ¿por qué la moda sigue siendo percibida como una forma vacua y frívola? Según él, la verdad es que la moda tiene un gran poder transformador y libertador. Sin embargo, este mismo poder es también el motor de su declive, ya que las corporaciones multinacionales que dominan la industria están priorizando el beneficio económico sobre el valor cultural de la moda.
Para Coccia, la moda es un arte ineludible que nos permite experimentar la universalidad y conectar con otras formas de vida. Sin embargo, esta misma capacidad para transformar y alterar nuestro cuerpo también es lo que la hace vulnerable a la explotación y al abuso. La moda se ha convertido en un sistema que prioriza el beneficio sobre el valor cultural y humano.
El problema radica en que las grandes casas de moda están intentando prolongar artificialmente su vida utilizando el culto a una persona fallecida, como Alexander McQueen. Esto no solo es ridículo e irresponsable, sino que también muestra la falta de creatividad y innovación en la industria.
Coccia sostiene que lo que realmente es peligroso es que las grandes casas de moda intenten volver a la idea de la moda como lujo, lo cual es exactamente lo contrario de su verdadero potencial democrático. La moda puede abrazar e incluir el lujo, pero el lujo no es necesariamente moda.
En este sentido, Coccia sugiere que hay una resistencia enorme entre los estudiantes de moda que ya no quieren trabajar en estos grandes grupos y están empezando a construir sus propias vías de desarrollo. Algunos ya han encontrado formas innovadoras de producir y vender sus creaciones como piezas únicas en galerías de arte.
En resumen, Coccia nos plantea la cuestión de si la moda sigue siendo un truco o si es más bien un instrumento de lucha y de invención. ¿Cómo podemos lograr que la moda siga siendo un reflejo de nuestra identidad y una forma de expresión creativa? La respuesta, según él, radica en encontrar formas nuevas y innovadoras de producir y consumir moda que prioricen el valor cultural y humano sobre el beneficio económico.
Para Coccia, la moda es un arte ineludible que nos permite experimentar la universalidad y conectar con otras formas de vida. Sin embargo, esta misma capacidad para transformar y alterar nuestro cuerpo también es lo que la hace vulnerable a la explotación y al abuso. La moda se ha convertido en un sistema que prioriza el beneficio sobre el valor cultural y humano.
El problema radica en que las grandes casas de moda están intentando prolongar artificialmente su vida utilizando el culto a una persona fallecida, como Alexander McQueen. Esto no solo es ridículo e irresponsable, sino que también muestra la falta de creatividad y innovación en la industria.
Coccia sostiene que lo que realmente es peligroso es que las grandes casas de moda intenten volver a la idea de la moda como lujo, lo cual es exactamente lo contrario de su verdadero potencial democrático. La moda puede abrazar e incluir el lujo, pero el lujo no es necesariamente moda.
En este sentido, Coccia sugiere que hay una resistencia enorme entre los estudiantes de moda que ya no quieren trabajar en estos grandes grupos y están empezando a construir sus propias vías de desarrollo. Algunos ya han encontrado formas innovadoras de producir y vender sus creaciones como piezas únicas en galerías de arte.
En resumen, Coccia nos plantea la cuestión de si la moda sigue siendo un truco o si es más bien un instrumento de lucha y de invención. ¿Cómo podemos lograr que la moda siga siendo un reflejo de nuestra identidad y una forma de expresión creativa? La respuesta, según él, radica en encontrar formas nuevas y innovadoras de producir y consumir moda que prioricen el valor cultural y humano sobre el beneficio económico.