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La dana de la indiferencia. Cuando empezó la danza.
Antes del Covid-19, cuando el Ventorro entró por la puerta, con una palabra que costaba sacudirse: "covid". Pero la verdadera danza comenzó en octubre de 2023, cuando la Comunidad de Madrid alertó sobre una dana que no fue tan grave como parecía. Los avisos permitían acceder a datos personales del móvil y se consideraban una intromisión en la privacidad.
Pero el verdadero espectáculo comenzó con el discurso del líder de Vox, Abascal, quien consideró el confinamiento por la pandemia "la mayor vulneración de derechos de la historia". Y aunque el jefe de gabinete de Carlos Mazón, José Manuel Cuenca, advertía sobre la necesidad de no salir de casa, parecía que nadie quería escuchar.
En realidad, todo empezó con una frase que se repitió como un mantra: "Confinar". Un elefante en la habitación que rondaba por el Cecopi. Y aunque algunos intentaron hacer caso omiso, parecía que todos estaban temblando de miedo ante ese ejército de bots que se disparó de nuevo.
Y luego vinieron las palabras de Abascal: "puede haber personas que no quieren recibirlos y deben ser respetadas". Poco importa si se reciben o no. Lo importante es que se disparen esos mensajes libertarios-irresponsables y que nadie se atreve a cuestionar.
En noviembre de 2024, otros desaparecían. Algunos aún hoy. Y en medio de esa danza de la indiferencia, parece que hay una derecha cobarde que no quiere sacudirse el miedo al poder. Pero ¿quién sabe si alguien se atreverá a hablar sobre eso?
Antes del Covid-19, cuando el Ventorro entró por la puerta, con una palabra que costaba sacudirse: "covid". Pero la verdadera danza comenzó en octubre de 2023, cuando la Comunidad de Madrid alertó sobre una dana que no fue tan grave como parecía. Los avisos permitían acceder a datos personales del móvil y se consideraban una intromisión en la privacidad.
Pero el verdadero espectáculo comenzó con el discurso del líder de Vox, Abascal, quien consideró el confinamiento por la pandemia "la mayor vulneración de derechos de la historia". Y aunque el jefe de gabinete de Carlos Mazón, José Manuel Cuenca, advertía sobre la necesidad de no salir de casa, parecía que nadie quería escuchar.
En realidad, todo empezó con una frase que se repitió como un mantra: "Confinar". Un elefante en la habitación que rondaba por el Cecopi. Y aunque algunos intentaron hacer caso omiso, parecía que todos estaban temblando de miedo ante ese ejército de bots que se disparó de nuevo.
Y luego vinieron las palabras de Abascal: "puede haber personas que no quieren recibirlos y deben ser respetadas". Poco importa si se reciben o no. Lo importante es que se disparen esos mensajes libertarios-irresponsables y que nadie se atreve a cuestionar.
En noviembre de 2024, otros desaparecían. Algunos aún hoy. Y en medio de esa danza de la indiferencia, parece que hay una derecha cobarde que no quiere sacudirse el miedo al poder. Pero ¿quién sabe si alguien se atreverá a hablar sobre eso?