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ElPeriodismo en España se encuentra en un callejón sin salida. Un lector, Alberto Fernández, nos plantea una cuestión fundamental: ¿por qué la transparencia y la exactitud en las fuentes periodísticas no son consideraciones básicas para los redactores de El País? La respuesta es que la falta de rigor en el periodismo puede tener consecuencias devastadoras. Un artículo que reprodujo una conversación privada entre Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y su pareja, Alberto González Amador, elevado a titular sin explicar cómo conoció el redactor la conversación ni si se basaba en una versión literal o una reconstrucción, nos muestra que el periodismo en España ha llegado a un punto crítico.
Un error como este puede ser considerado puntual, pero cuando se repite en varias noticias relevantes, como la publicación del nombre de la candidata a fiscal general del Estado sin atribuir la fuente ni explicar cómo se obtuvo esa información, es claramente un problema más grande. El Libro de Estilo de El País recuerda que "el público lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo", y eso debe ser respetado siempre.
La pregunta es, ¿por qué este error se repite? ¿Es culpa exclusiva de los redactores o hay un fallo en cadena en la maquinaria de edición que no detecta los defectos? La respuesta es que no. La falta de transparencia y exactitud en las fuentes periodísticas es un problema que requiere una solución integral.
La responsabilidad no está solo con los redactores, sino también con la redacción misma. El País ha sido un referente de rigor en el periodismo español durante décadas, pero ahora se le pide que siga siendolo. La credibilidad del periódico se encuentra amenazada por la polarización y la tentación del impacto fácil.
Es hora de que EL PAÍS extrema el rigor periodístico en sus textos. Cada línea escrita debe apuntalar el compromiso con la verdad, la transparencia y la honestidad. La atribución de fuentes es un elemento básico de cualquier noticia y debe explicarse siempre, hasta donde podamos llegar.
Si queremos que nuestro periodismo siga siendo un referente de confianza, debemos ser más exigentes con nosotros mismos. Debemos recordar que cada texto puede restaurar la confianza del lector o quebrarla. Es hora de que tomemos nuestra responsabilidad como profesionales del periodismo y aseguramos que la verdad sea siempre la primera consideración.
¿Estás de acuerdo? ¿Qué podemos hacer para mejorar el rigor en nuestro periodismo?
Un error como este puede ser considerado puntual, pero cuando se repite en varias noticias relevantes, como la publicación del nombre de la candidata a fiscal general del Estado sin atribuir la fuente ni explicar cómo se obtuvo esa información, es claramente un problema más grande. El Libro de Estilo de El País recuerda que "el público lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo", y eso debe ser respetado siempre.
La pregunta es, ¿por qué este error se repite? ¿Es culpa exclusiva de los redactores o hay un fallo en cadena en la maquinaria de edición que no detecta los defectos? La respuesta es que no. La falta de transparencia y exactitud en las fuentes periodísticas es un problema que requiere una solución integral.
La responsabilidad no está solo con los redactores, sino también con la redacción misma. El País ha sido un referente de rigor en el periodismo español durante décadas, pero ahora se le pide que siga siendolo. La credibilidad del periódico se encuentra amenazada por la polarización y la tentación del impacto fácil.
Es hora de que EL PAÍS extrema el rigor periodístico en sus textos. Cada línea escrita debe apuntalar el compromiso con la verdad, la transparencia y la honestidad. La atribución de fuentes es un elemento básico de cualquier noticia y debe explicarse siempre, hasta donde podamos llegar.
Si queremos que nuestro periodismo siga siendo un referente de confianza, debemos ser más exigentes con nosotros mismos. Debemos recordar que cada texto puede restaurar la confianza del lector o quebrarla. Es hora de que tomemos nuestra responsabilidad como profesionales del periodismo y aseguramos que la verdad sea siempre la primera consideración.
¿Estás de acuerdo? ¿Qué podemos hacer para mejorar el rigor en nuestro periodismo?