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"El manto de invencibilidad se derrite, una vez más"
La potencia naval occidental que durante décadas había gobernado sin límites en el Atlántico Norte ahora está siendo desafiada por una nueva amenaza. El general británico Sir Gwyn Jenkins no se disfraza con rodeos sobre la gravedad de la situación: "Estamos aguantando, pero no por mucho". La superioridad occidental que parecía invencible comienza a tambalearse.
El problema no son los buques rusos que ya están en el Atlántico Norte, sino la profundidad del cambio geopolítico. Rusia ha decidido invertir miles de millones en modernizar su armada y reforzar su capacidad para operar sin ser detectados. Los submarinos rusos son una amenaza peligrosa, capaces de cruzar fronteras invisibles sin ser descubiertos.
El Kremlin no se detiene ante ninguna provocación. El avistamiento del buque Yantar, una nave de inteligencia rusa que llegó a apuntar con láseres a pilotos de vigilancia británicos, es un ejemplo de la agresividad de Moscú. Pero lo que se ve bajo la superficie es más peligroso: la capacidad de Rusia para operar sin ser detectados.
La OTAN ya está reaccionando. El Reino Unido ha anunciado la creación de una flota de modernas fragatas antisubmarinas y ha unificado su esfuerzo con Noruega. La iniciativa bautizada como Atlantic Bastion busca proteger la infraestructura submarina crítica y los cables que sostienen la vida conectada del planeta.
Pero el mensaje del general Jenkins es claro: no durará para siempre si Occidente no acelera su respuesta. El dominio del mar y del fondo del mar es hoy el tablero donde se decide buena parte del poder global, y los adversarios ya se han lanzado a la partida. La amenaza rusa se ha vuelto casi rutinaria, con interceptaciones de barcos y submarinos que parecen un juego de pelotas.
La potencia naval occidental que durante décadas había gobernado sin límites en el Atlántico Norte ahora está siendo desafiada por una nueva amenaza. El general británico Sir Gwyn Jenkins no se disfraza con rodeos sobre la gravedad de la situación: "Estamos aguantando, pero no por mucho". La superioridad occidental que parecía invencible comienza a tambalearse.
El problema no son los buques rusos que ya están en el Atlántico Norte, sino la profundidad del cambio geopolítico. Rusia ha decidido invertir miles de millones en modernizar su armada y reforzar su capacidad para operar sin ser detectados. Los submarinos rusos son una amenaza peligrosa, capaces de cruzar fronteras invisibles sin ser descubiertos.
El Kremlin no se detiene ante ninguna provocación. El avistamiento del buque Yantar, una nave de inteligencia rusa que llegó a apuntar con láseres a pilotos de vigilancia británicos, es un ejemplo de la agresividad de Moscú. Pero lo que se ve bajo la superficie es más peligroso: la capacidad de Rusia para operar sin ser detectados.
La OTAN ya está reaccionando. El Reino Unido ha anunciado la creación de una flota de modernas fragatas antisubmarinas y ha unificado su esfuerzo con Noruega. La iniciativa bautizada como Atlantic Bastion busca proteger la infraestructura submarina crítica y los cables que sostienen la vida conectada del planeta.
Pero el mensaje del general Jenkins es claro: no durará para siempre si Occidente no acelera su respuesta. El dominio del mar y del fondo del mar es hoy el tablero donde se decide buena parte del poder global, y los adversarios ya se han lanzado a la partida. La amenaza rusa se ha vuelto casi rutinaria, con interceptaciones de barcos y submarinos que parecen un juego de pelotas.