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El esplendor disfuncional de Fleur Jaeggy se revela en su escritura única y corrosiva. La autora suiza crea personajes que transmiten las angustias de una vida atada a la muerte, sin importar la edad o el género del lector. En sus novelas, la poesía y la ironía están presentes, con un estilo que se opone a la información estéril y a las modas del mercado.
La claridad de su propuesta estética es impresionante, y el lenguaje de Jaeggy se convierte en una herramienta poderosa para transmitir sentimientos y emociones. En sus palabras: “Lo glacial también revela sentimientos, más límpidos quizás, más puros, más directos. Es como si el frío condensara el léxico, cargara de significado a los sustantivos”.
Su escritura es un viaje hacia la desnudez emocional, donde el dolor se vuelve trágicamente lúcido. En su gran novela autobiográfica, Los hermosos años del castigo, Jaeggy expone y duplica el dolor, creando una visión del mundo que engloba el encierro y la represión de lo femenino.
La autora también recurre al estilo de escritura absurdo, como en sus obras El ángel de la guarda y Vidas conjeturales. Sin embargo, es en su prosa donde se convierte en una verdadera obra maestra, donde el lenguaje y la ironía se unen para crear un efecto disfuncional que deja al lector sorprendido.
En general, Fleur Jaeggy es una escritora corrosiva y perversamente delicada que crea personajes que transmiten las angustias de una vida atada a la muerte. Su prosa es única y poderosa, capaz de hacer surgir sentimientos y emociones en el lector.
La claridad de su propuesta estética es impresionante, y el lenguaje de Jaeggy se convierte en una herramienta poderosa para transmitir sentimientos y emociones. En sus palabras: “Lo glacial también revela sentimientos, más límpidos quizás, más puros, más directos. Es como si el frío condensara el léxico, cargara de significado a los sustantivos”.
Su escritura es un viaje hacia la desnudez emocional, donde el dolor se vuelve trágicamente lúcido. En su gran novela autobiográfica, Los hermosos años del castigo, Jaeggy expone y duplica el dolor, creando una visión del mundo que engloba el encierro y la represión de lo femenino.
La autora también recurre al estilo de escritura absurdo, como en sus obras El ángel de la guarda y Vidas conjeturales. Sin embargo, es en su prosa donde se convierte en una verdadera obra maestra, donde el lenguaje y la ironía se unen para crear un efecto disfuncional que deja al lector sorprendido.
En general, Fleur Jaeggy es una escritora corrosiva y perversamente delicada que crea personajes que transmiten las angustias de una vida atada a la muerte. Su prosa es única y poderosa, capaz de hacer surgir sentimientos y emociones en el lector.