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"No nos enfadamos por lo que pasa fuera, sino por lo que se mueve dentro"
En la vida cotidiana, podemos encontrarnos con días en los que algo pequeño desencadena una reacción desproporcionada. ¿Qué causa este fenómeno? La respuesta, según Sonia Díaz Rois, experta en gestión de la ira, no tiene nada que ver con el entorno exterior, sino con lo que sucede dentro de nosotros.
"La persona que se enfada se refiere a algo que la persona misma no ve, a una 'zona ciega' y una 'zona oculta'", explica Díaz Rois. "Es como si estuviéramos diciendo 'ni yo entiendo por qué me he puesto así', pero en realidad estamos describiendo lo que está sucediendo desde adentro". La clave es reconocer que el enfado no proviene de fuera, sino de nuestras propias emociones y necesidades.
Para entender mejor este fenómeno, Díaz Rois utiliza ejemplos cotidianos. Imaginemos una situación en la que alguien nos pide algo por tercera vez y respondemos con irritación, aunque sabemos que estamos cansados y frustrados. "Estas señales no las notamos, pero influyen en cómo reaccionamos", explica Díaz Rois. La 'zona ciega' se refiere a comportamientos que otros pueden percibir claramente, pero que nosotros mismos no detectamos.
Otra pieza clave es la 'zona oculta', que guarda emociones y necesidades inexploradas. "Estas emociones no desaparecen, solo se acumulan", explica Díaz Rois. Cuando no las reconocemos y no las nombramos, acaban saliendo de manera incontrolable, como el enfado.
En este sentido, la experta en gestión de la ira propone un cambio de perspectiva. En lugar de tratar de calmarnos rápidamente o soltar lo primero que sale, debemos aprender a entender de dónde viene nuestro enfado. "Gestarlo no consiste en tragártelo ni en soltarlo", explica Díaz Rois. "Consiste en conocerte mejor, reducir tu zona ciega y hacer espacio para lo que has ocultado".
La clave es observar nuestras reacciones sin juzgarnos, preguntarse qué nos molesta o qué necesitamos antes de explotar, y hablar con personas de confianza para descubrir lo que no detectamos. También debemos aprender a escuchar el enfado antes de intentar calmarlo, ya que es una señal que puede decirnos mucho sobre nuestras emociones.
En resumen, el enfado no es un enemigo, sino una emoción que habla alto cuando no la escuchamos a tiempo. Si lo escuchamos, podemos entender mejor por qué nos activa y aprender a gestionarlo de manera efectiva.
En la vida cotidiana, podemos encontrarnos con días en los que algo pequeño desencadena una reacción desproporcionada. ¿Qué causa este fenómeno? La respuesta, según Sonia Díaz Rois, experta en gestión de la ira, no tiene nada que ver con el entorno exterior, sino con lo que sucede dentro de nosotros.
"La persona que se enfada se refiere a algo que la persona misma no ve, a una 'zona ciega' y una 'zona oculta'", explica Díaz Rois. "Es como si estuviéramos diciendo 'ni yo entiendo por qué me he puesto así', pero en realidad estamos describiendo lo que está sucediendo desde adentro". La clave es reconocer que el enfado no proviene de fuera, sino de nuestras propias emociones y necesidades.
Para entender mejor este fenómeno, Díaz Rois utiliza ejemplos cotidianos. Imaginemos una situación en la que alguien nos pide algo por tercera vez y respondemos con irritación, aunque sabemos que estamos cansados y frustrados. "Estas señales no las notamos, pero influyen en cómo reaccionamos", explica Díaz Rois. La 'zona ciega' se refiere a comportamientos que otros pueden percibir claramente, pero que nosotros mismos no detectamos.
Otra pieza clave es la 'zona oculta', que guarda emociones y necesidades inexploradas. "Estas emociones no desaparecen, solo se acumulan", explica Díaz Rois. Cuando no las reconocemos y no las nombramos, acaban saliendo de manera incontrolable, como el enfado.
En este sentido, la experta en gestión de la ira propone un cambio de perspectiva. En lugar de tratar de calmarnos rápidamente o soltar lo primero que sale, debemos aprender a entender de dónde viene nuestro enfado. "Gestarlo no consiste en tragártelo ni en soltarlo", explica Díaz Rois. "Consiste en conocerte mejor, reducir tu zona ciega y hacer espacio para lo que has ocultado".
La clave es observar nuestras reacciones sin juzgarnos, preguntarse qué nos molesta o qué necesitamos antes de explotar, y hablar con personas de confianza para descubrir lo que no detectamos. También debemos aprender a escuchar el enfado antes de intentar calmarlo, ya que es una señal que puede decirnos mucho sobre nuestras emociones.
En resumen, el enfado no es un enemigo, sino una emoción que habla alto cuando no la escuchamos a tiempo. Si lo escuchamos, podemos entender mejor por qué nos activa y aprender a gestionarlo de manera efectiva.