ForistaDelBarrio
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"Siempre de la mano", el último abrazo de mi hermana.
Recuerdo el día en que nació mi hermana pequeña, Choneta, como si fuera ayer. En febrero de 1938, en plena Guerra Civil, cuando el mundo estaba sumido en el caos y la violencia, un misterio teológico o policiaco se reveló en nuestra casa. Mi padre, escondido en un armario de doble fondo, salió a tocar el violín para sorpresa de mi madre embarazada. Fue como si nadie preguntara si la niña había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Pero lo que sí era obvio era que nuestra vida se había vuelto complicada.
La iglesia del pueblo se convirtió en un bar, la capilla del sagrario en una sala de billares y la pila bautismal en un depósito de gaseosas. Fue allí donde Choneta fue bautizada al finalizar la guerra, después de años de vivir sin memoria. Me acuerdo de llevarla a la escuela siempre de la mano y protegerla de cualquier cosa que pueda pasarle.
Pero ahora, en estos tiempos difíciles, he perdido a mi hermana más pequeña. Pasó sus últimos años sin recuerdo de nada, salvo cuando me reconocía en las fotos de pequeño. Era como si yo fuera su única conexión con un pasado lejano y olvidado. Y ahora, está lejos, más allá del río que nos separa.
"Siempre de la mano", esa fue nuestra relación. Mi hermana Choneta, mi protectora y mi amiga. Me acuerdo de sus lágrimas cuando yo le conté un cuento de terror, de su sonrisa cuando se rió conmigo en el recreo de la escuela. Y ahora, solo tengo ese recuerdo.
Recuerdo el día en que nació mi hermana pequeña, Choneta, como si fuera ayer. En febrero de 1938, en plena Guerra Civil, cuando el mundo estaba sumido en el caos y la violencia, un misterio teológico o policiaco se reveló en nuestra casa. Mi padre, escondido en un armario de doble fondo, salió a tocar el violín para sorpresa de mi madre embarazada. Fue como si nadie preguntara si la niña había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Pero lo que sí era obvio era que nuestra vida se había vuelto complicada.
La iglesia del pueblo se convirtió en un bar, la capilla del sagrario en una sala de billares y la pila bautismal en un depósito de gaseosas. Fue allí donde Choneta fue bautizada al finalizar la guerra, después de años de vivir sin memoria. Me acuerdo de llevarla a la escuela siempre de la mano y protegerla de cualquier cosa que pueda pasarle.
Pero ahora, en estos tiempos difíciles, he perdido a mi hermana más pequeña. Pasó sus últimos años sin recuerdo de nada, salvo cuando me reconocía en las fotos de pequeño. Era como si yo fuera su única conexión con un pasado lejano y olvidado. Y ahora, está lejos, más allá del río que nos separa.
"Siempre de la mano", esa fue nuestra relación. Mi hermana Choneta, mi protectora y mi amiga. Me acuerdo de sus lágrimas cuando yo le conté un cuento de terror, de su sonrisa cuando se rió conmigo en el recreo de la escuela. Y ahora, solo tengo ese recuerdo.