PensadorCriollo
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La memoria saharia se encuentra fragmentada y oculta, siendo solo la desaparición de Basiri el caso que ha sido abordado por el Parlamento Mixto en 2012. Esta propuesta no prosperó debido a los votos de rechazo del PP, PSOE y CiU.
La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, no hace ninguna mención al colonialismo franquista ni a las víctimas de la represión durante ese periodo y en esos territorios. La Constitución española de 1978 tampoco lo hace, aunque el artículo 56 hace referencia a que el rey asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica.
La colonización tuvo un repertorio de violencias que no estuvo al margen de la violencia de la dictadura en España. El compendio de la violencia colonial en el Sahara es largo desde las primeras décadas de la colonia, pero se acentuó con el franquismo.
El franquismo mantuvo una historia colonial que sirvió al poder colonial y que sigue sirviendo a políticas imbuidas de colonialismo. Los saharauis no han sido integrados en la "construcción de la memoria común", tal como reza la ley. La impunidad del franquismo ha conllevado también a la impunidad del colonialismo franquista.
El ejército español mantiene unidades, como la Legión, que se crearon como fuerzas de choque coloniales y que desfilan sin ningún rubor con uniformes coloniales. La inclusión de lo colonial en la memoria democrática es una contribución necesaria para la lucha nacional saharaui.
El memoricidio y silenciamiento de lo colonial afectan a la posición actual de España respecto al Sahara. La desresponsabilización de 1975 y el abandono se prolongan en la actualidad con la primacía de la realpolitik, con el incumplimiento de las obligaciones, con el escaso respeto al derecho internacional o con la tentación de tutela paternalista colonial, decidiendo qué es lo mejor para los saharauis.
Se requiere una comisión sobre la verdad en el Sahara Occidental que esclarezca lo ocurrido. La censura y las restricciones a la solidaridad, las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, los prisioneros de guerra nunca reconocidos como tales, el toque de queda en los barrios saharauis en 1975 y las ejecución militar en Marruecos han sido omisiones críticas.
La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, no hace ninguna mención al colonialismo franquista ni a las víctimas de la represión durante ese periodo y en esos territorios. La Constitución española de 1978 tampoco lo hace, aunque el artículo 56 hace referencia a que el rey asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica.
La colonización tuvo un repertorio de violencias que no estuvo al margen de la violencia de la dictadura en España. El compendio de la violencia colonial en el Sahara es largo desde las primeras décadas de la colonia, pero se acentuó con el franquismo.
El franquismo mantuvo una historia colonial que sirvió al poder colonial y que sigue sirviendo a políticas imbuidas de colonialismo. Los saharauis no han sido integrados en la "construcción de la memoria común", tal como reza la ley. La impunidad del franquismo ha conllevado también a la impunidad del colonialismo franquista.
El ejército español mantiene unidades, como la Legión, que se crearon como fuerzas de choque coloniales y que desfilan sin ningún rubor con uniformes coloniales. La inclusión de lo colonial en la memoria democrática es una contribución necesaria para la lucha nacional saharaui.
El memoricidio y silenciamiento de lo colonial afectan a la posición actual de España respecto al Sahara. La desresponsabilización de 1975 y el abandono se prolongan en la actualidad con la primacía de la realpolitik, con el incumplimiento de las obligaciones, con el escaso respeto al derecho internacional o con la tentación de tutela paternalista colonial, decidiendo qué es lo mejor para los saharauis.
Se requiere una comisión sobre la verdad en el Sahara Occidental que esclarezca lo ocurrido. La censura y las restricciones a la solidaridad, las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, los prisioneros de guerra nunca reconocidos como tales, el toque de queda en los barrios saharauis en 1975 y las ejecución militar en Marruecos han sido omisiones críticas.