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En el corazón de Barcelona, en una esquina centenaria, se encuentra uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de la ciudad. Los Caracoles, fundado en 1835, ha sido testigo de la historia y ha pasado de ser un ultramarino y taberna a convertirse en un establecimiento gastronómico de lujo.
El nombre del restaurante hace referencia al "ast" o pollastre, un plato tradicional valenciano que se cocina en una estufa especial llamada "pollastre" o "caracol", donde el pollo se cocina durante horas para lograr su consistencia característica. La máquina que le da ritmo al pollastre fue construida por un francés, Dardé, en 1934.
El restaurante ha sido testigo de la vida en Barcelona y ha visto cómo la ciudad ha cambiado a lo largo de los años. En 1940, el primer dueño, Agustín, se casó con su prima, Feliciano, y juntos dirigieron el establecimiento hasta que Feliciano murió en 1995.
En la actualidad, Los Caracoles sigue siendo uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de Barcelona. Su dueño, Cristina Bofarull, es una de las hijas del fundador y ha trabajado arduamente para preservar la tradición y la receta original. La cocina sigue siendo muy similar a la de cuando el restaurante se abrió sus puertas en 1835.
La historia de Los Caracoles es rica y compleja, con diferentes familias y personas que han pasado por el establecimiento a lo largo de los años. El restaurante ha sido un lugar de encuentro para las clases altas y las clases bajas, y ha visto cómo la sociedad barcelonesa se ha cambiado.
Los Caracoles es más que un restaurante, es una institución. Es un lugar donde se puede disfrutar de la tradición culinaria valenciana en un ambiente elegante y acogedor. La comida sigue siendo exquisita y deliciosa, y el servicio es siempre atento y profesional.
En resumen, Los Caracoles es un restaurante que ha sido testigo de la historia de Barcelona y ha pasado de ser un ultramarino y taberna a convertirse en un establecimiento gastronómico de lujo. Su tradición y receta original han sido preservadas por las generaciones de dueños, y sigue siendo uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de la ciudad.
El nombre del restaurante hace referencia al "ast" o pollastre, un plato tradicional valenciano que se cocina en una estufa especial llamada "pollastre" o "caracol", donde el pollo se cocina durante horas para lograr su consistencia característica. La máquina que le da ritmo al pollastre fue construida por un francés, Dardé, en 1934.
El restaurante ha sido testigo de la vida en Barcelona y ha visto cómo la ciudad ha cambiado a lo largo de los años. En 1940, el primer dueño, Agustín, se casó con su prima, Feliciano, y juntos dirigieron el establecimiento hasta que Feliciano murió en 1995.
En la actualidad, Los Caracoles sigue siendo uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de Barcelona. Su dueño, Cristina Bofarull, es una de las hijas del fundador y ha trabajado arduamente para preservar la tradición y la receta original. La cocina sigue siendo muy similar a la de cuando el restaurante se abrió sus puertas en 1835.
La historia de Los Caracoles es rica y compleja, con diferentes familias y personas que han pasado por el establecimiento a lo largo de los años. El restaurante ha sido un lugar de encuentro para las clases altas y las clases bajas, y ha visto cómo la sociedad barcelonesa se ha cambiado.
Los Caracoles es más que un restaurante, es una institución. Es un lugar donde se puede disfrutar de la tradición culinaria valenciana en un ambiente elegante y acogedor. La comida sigue siendo exquisita y deliciosa, y el servicio es siempre atento y profesional.
En resumen, Los Caracoles es un restaurante que ha sido testigo de la historia de Barcelona y ha pasado de ser un ultramarino y taberna a convertirse en un establecimiento gastronómico de lujo. Su tradición y receta original han sido preservadas por las generaciones de dueños, y sigue siendo uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de la ciudad.