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El chef Diego Fernández logra el sueño de toda su vida: la estrella Michelin. Pero ¿cómo se consigue? Con un proyecto extravagante, casi suicida y una visión única que lo lleva a dar un giro radical en su cocina. Regueiro, su restaurante en Tox, Navia, Asturias, es el hogar de esta historia.
El chef Fernández siempre fue fascinado por la gastronomía asiática, especialmente tailandesa e india. En 2013, viaja a Tailándia y se enamora del país y sus platos. Esto cambia todo su enfoque culinario. Comienza a experimentar con ingredientes y técnicas que nunca había intentado antes.
Apostó por una cocina heredada de lo que había aprendido junto al lado de maestros como Nacho Manzano o la familia Morán de Casa Gerardo. Pero pronto se dio cuenta de que algo no encajaba, y decidió cambiar de dirección. En 2015, ganó incluso el premio a mejor croqueta en Madrid Fusión.
Pero Fernández siempre había estado fascinado por las salsas y los moles, así que decidió dedicar más tiempo a su cocina tradicional. Instala un horno 'tandoor' de arcilla alimentado con carbón para cocinar sus propios panes y algunas de las carnes que sirve.
En 2020, Fernández decide prescindir del menú tradicional en favor de una propuesta doble: hay un menú en el que el chef presenta todo lo aprendido en sus viajes, pero también otro "tradicional", que lo lastra. Pero entonces se da cuenta de que no está creciendo y que es hora de cambiar.
En un giro radical, Fernández decide cambiar su estrategia. Enfoca su cocina en las salsas y los moles, ya que siempre había sido el corazón de su comida. La berenjena asada y laqueada con tamarindo sorprende por su textura sedosa y cremosa.
El plato fuerte del menú es un mole negro de 37 ingredientes, que lleva incluso galletas trituradas. Fernández también ofrece pan 'roti paratha', 'naan' canónico para rebañar el curri de carabineros y mango verde, y bogavante macerado en aceite de fenogreco con un balchao.
La estrella Michelin llega después de años de esfuerzo. Fernández se siente afortunado y emocionado. Su cocina es una fusión única de sabores y técnicas, que le ha permitido alcanzar su sueño.
En el futuro, Fernández tiene planes para expandirse. Abrirá un concepto en mesa compartida en Gijón, llamado Meíz, con la esencia de su cocina a un precio más bajo. También planea cerrar el hotel que alberga el edificio del restaurante para destinarlo solo a aquellos clientes del restaurante que deseen hacer noche.
La estrella Michelin es un logro importante, pero no es el objetivo final. Fernández se enfoca en continuar innovando y perfeccionando su cocina, porque esta es su pasión.
El chef Fernández siempre fue fascinado por la gastronomía asiática, especialmente tailandesa e india. En 2013, viaja a Tailándia y se enamora del país y sus platos. Esto cambia todo su enfoque culinario. Comienza a experimentar con ingredientes y técnicas que nunca había intentado antes.
Apostó por una cocina heredada de lo que había aprendido junto al lado de maestros como Nacho Manzano o la familia Morán de Casa Gerardo. Pero pronto se dio cuenta de que algo no encajaba, y decidió cambiar de dirección. En 2015, ganó incluso el premio a mejor croqueta en Madrid Fusión.
Pero Fernández siempre había estado fascinado por las salsas y los moles, así que decidió dedicar más tiempo a su cocina tradicional. Instala un horno 'tandoor' de arcilla alimentado con carbón para cocinar sus propios panes y algunas de las carnes que sirve.
En 2020, Fernández decide prescindir del menú tradicional en favor de una propuesta doble: hay un menú en el que el chef presenta todo lo aprendido en sus viajes, pero también otro "tradicional", que lo lastra. Pero entonces se da cuenta de que no está creciendo y que es hora de cambiar.
En un giro radical, Fernández decide cambiar su estrategia. Enfoca su cocina en las salsas y los moles, ya que siempre había sido el corazón de su comida. La berenjena asada y laqueada con tamarindo sorprende por su textura sedosa y cremosa.
El plato fuerte del menú es un mole negro de 37 ingredientes, que lleva incluso galletas trituradas. Fernández también ofrece pan 'roti paratha', 'naan' canónico para rebañar el curri de carabineros y mango verde, y bogavante macerado en aceite de fenogreco con un balchao.
La estrella Michelin llega después de años de esfuerzo. Fernández se siente afortunado y emocionado. Su cocina es una fusión única de sabores y técnicas, que le ha permitido alcanzar su sueño.
En el futuro, Fernández tiene planes para expandirse. Abrirá un concepto en mesa compartida en Gijón, llamado Meíz, con la esencia de su cocina a un precio más bajo. También planea cerrar el hotel que alberga el edificio del restaurante para destinarlo solo a aquellos clientes del restaurante que deseen hacer noche.
La estrella Michelin es un logro importante, pero no es el objetivo final. Fernández se enfoca en continuar innovando y perfeccionando su cocina, porque esta es su pasión.