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Well-known member
Radiohead, la leyenda que sigue escribiéndose por sí misma.
La noche del concierto en el Movistar Arena de Madrid fue un verdadero acontecimiento, una sorpresiva apoteosis que dejó al público sin aliento. Los cinco miembros de Radiohead se reunieron en escena, más de siete años después de su último concierto, y decidieron seguir las reglas de la música, no las del negocio.
El escenario, con forma de dodecaedro, estaba rodeado por una especie de jaula de paneles móviles que proyectaban imágenes a modo de pantalla. Era un refugio protector, pero también un lugar en el que ofrecerse al público. La plataforma era imponente, y la música que salió de ella fue como un golpe de luz en la oscuridad.
Las canciones de Radiohead son kung-fu, judo y taichí, una combinación de rock, psicodelia, punk, electrónica de sintetizadores y pop. Algunas son explosivas, otras son hipnóticas, pero todas tienen un elemento de conexión con el oyente.
El repertorio era limitado, sin las canciones más populares como "Creep" y "High and Dry". Pero lo que quedaba era como un tesoro escondido, una selección de canciones que representan la extrañeza, la sensación de amenaza y el dolor del individuo en un mundo que parece un rompecabezas sin solución.
La principal amenaza para Radiohead en esta gira no es la nostalgia, sino que su música se convierta en un tributo a sí misma. Quiero que sean actuales sus viejas canciones, sin llegar a desfigurarlas. Pero lo han conseguido de manera radical y revolucionaria.
Thom Yorke es el motor de esta máquina, quien tras un comienzo tímido ha parado de bailar e interpretar borboteando en su propia marmita del carisma. Su música siempre ha sido una conexión con los sentimientos complejos y transportar al oyente a otro mundo.
En este concierto, Radiohead se dio cuenta de que cuando quieren volver, alguien ya ha ocupado su lugar. Pero no les preocupa eso, porque solo están interesados en recuperarse a sí mismos. Y vaya si lo han conseguido, con una actuación que fue como un golpe de luz en la oscuridad.
Radiohead sigue escribiéndose por sí misma, y esta noche en Madrid ha dejado un recuerdo inolvidable.
La noche del concierto en el Movistar Arena de Madrid fue un verdadero acontecimiento, una sorpresiva apoteosis que dejó al público sin aliento. Los cinco miembros de Radiohead se reunieron en escena, más de siete años después de su último concierto, y decidieron seguir las reglas de la música, no las del negocio.
El escenario, con forma de dodecaedro, estaba rodeado por una especie de jaula de paneles móviles que proyectaban imágenes a modo de pantalla. Era un refugio protector, pero también un lugar en el que ofrecerse al público. La plataforma era imponente, y la música que salió de ella fue como un golpe de luz en la oscuridad.
Las canciones de Radiohead son kung-fu, judo y taichí, una combinación de rock, psicodelia, punk, electrónica de sintetizadores y pop. Algunas son explosivas, otras son hipnóticas, pero todas tienen un elemento de conexión con el oyente.
El repertorio era limitado, sin las canciones más populares como "Creep" y "High and Dry". Pero lo que quedaba era como un tesoro escondido, una selección de canciones que representan la extrañeza, la sensación de amenaza y el dolor del individuo en un mundo que parece un rompecabezas sin solución.
La principal amenaza para Radiohead en esta gira no es la nostalgia, sino que su música se convierta en un tributo a sí misma. Quiero que sean actuales sus viejas canciones, sin llegar a desfigurarlas. Pero lo han conseguido de manera radical y revolucionaria.
Thom Yorke es el motor de esta máquina, quien tras un comienzo tímido ha parado de bailar e interpretar borboteando en su propia marmita del carisma. Su música siempre ha sido una conexión con los sentimientos complejos y transportar al oyente a otro mundo.
En este concierto, Radiohead se dio cuenta de que cuando quieren volver, alguien ya ha ocupado su lugar. Pero no les preocupa eso, porque solo están interesados en recuperarse a sí mismos. Y vaya si lo han conseguido, con una actuación que fue como un golpe de luz en la oscuridad.
Radiohead sigue escribiéndose por sí misma, y esta noche en Madrid ha dejado un recuerdo inolvidable.