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Si deseas sustituir el azúcar con alternativas, debes entender que la clave no es cambiar de edulcorante, sino reeducar tu paladar. El objetivo es reducir tu consumo total de azúcares añadidos y naturalmente presentes en alimentos. Las recomendaciones oficiales consideran que nuestro consumo de azúcar no debe superar el 10% de la ingesta calórica total, pero este consumo se eleva a más del doble en muchos países europeos.
Algo que hay que tener en cuenta es que el azúcar natural en alimentos es diferente al azúcar añadido. El consumo excesivo de azúcar añadido está relacionado con efectos negativos para la salud como sobrepeso, obesidad, caries dental y mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Sin embargo, si deseas sustituir el azúcar por edulcorantes, debes saber qué hay detrás del nombre. Los edulcorantes se pueden clasificar en dos grupos según su aporte calórico: los acalóricos y los calóricos. Entre estos, algunos son más saludables que otros.
Una de las opciones más saludables es la estevia, un edulcorante natural procedente de la planta de estevia, que es entre 200 y 300 veces más dulce que el azúcar común. Sin embargo, también puede dejar un regusto amargo. En su lugar, se pueden utilizar los alcoholes de azúcar como el eritritol, que son bajos en calorías pero pueden causar malestar digestivo si se consumen en exceso.
Los edulcorantes artificiales como el aspartamo o la sacarina pasan controles toxicológicos estableciendo dosis seguras, pero esto no significa que su consumo sea saludable. También pueden elevar el umbral del dulzor de la persona y provocar cambios en la microbiota.
La clave es reeducar tu paladar para evitar un abuso de cualquier edulcorante. Para ello, debes comprender qué te dicen las etiquetas nutricionales y no confundir nombres como jarabe de glucosa o agave con el azúcar común, ya que efectivamente aportan calorías al producto.
En última instancia, lo mejor es reducir siempre el consumo de todo tipo de edulcorantes para acostumbrarnos al sabor propio de los alimentos.
Algo que hay que tener en cuenta es que el azúcar natural en alimentos es diferente al azúcar añadido. El consumo excesivo de azúcar añadido está relacionado con efectos negativos para la salud como sobrepeso, obesidad, caries dental y mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Sin embargo, si deseas sustituir el azúcar por edulcorantes, debes saber qué hay detrás del nombre. Los edulcorantes se pueden clasificar en dos grupos según su aporte calórico: los acalóricos y los calóricos. Entre estos, algunos son más saludables que otros.
Una de las opciones más saludables es la estevia, un edulcorante natural procedente de la planta de estevia, que es entre 200 y 300 veces más dulce que el azúcar común. Sin embargo, también puede dejar un regusto amargo. En su lugar, se pueden utilizar los alcoholes de azúcar como el eritritol, que son bajos en calorías pero pueden causar malestar digestivo si se consumen en exceso.
Los edulcorantes artificiales como el aspartamo o la sacarina pasan controles toxicológicos estableciendo dosis seguras, pero esto no significa que su consumo sea saludable. También pueden elevar el umbral del dulzor de la persona y provocar cambios en la microbiota.
La clave es reeducar tu paladar para evitar un abuso de cualquier edulcorante. Para ello, debes comprender qué te dicen las etiquetas nutricionales y no confundir nombres como jarabe de glucosa o agave con el azúcar común, ya que efectivamente aportan calorías al producto.
En última instancia, lo mejor es reducir siempre el consumo de todo tipo de edulcorantes para acostumbrarnos al sabor propio de los alimentos.