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El pendiente, ese aro que se coloca en la oreja y parece desafiar las convenciones sociales, ha vuelto a ganar popularidad entre los hombres, especialmente después de los 40 años.
Este pequeño detalle, que puede parecer un simple accesorio, ha tomado una vida propia y ha convertido a algunos actores, como Jacob Elordi o Paul Mescal, en verdaderos iconos de moda.
Pero no es solo la juventud quien se atreve a llevar este tipo de pendientes. También hay hombres mayores, como Juan B., de 53 años, que se han permitido lucirlos y que incluso dicen que ha cambiado su forma de ver las cosas. "Ahora se está normalizando mucho. Yo me lo hice este verano y mucha gente pasó semanas viéndome a diario sin darse cuenta de que lo llevaba", explica B.
Sin embargo, hay otros que reciban reacciones muy diferentes. El periodista Borja M., de 43 años, dice que la miradita de sorpresa es algo que le pilla siempre. "Me da vergüenza tener que estar dando explicaciones y cuando la gente me pregunta siempre digo que fue una crisis de edad, en plan sarcástico, pero obviamente hay algo de verdad en ello", cuenta.
En cuanto a la sociedad, el pendiente ha volvido a ganar popularidad, especialmente entre los hombres mayores. La jubilación, el cambio de pareja o tener por fin un trabajo estable son algunos de los motivos que animan a muchos a acercarse al pendiente.
El piercer y propietaria del estudio Center Piercings Madrid, Ale Domínguez, recuerda que las perforaciones arrastran un pequeño sentido de ritual que es casi inevitable. "Marcan un antes y un después en la vida. Suele ser algo que llevan tiempo esperando. Hay nervios, dolor y todo eso se canaliza con la perforación", explica Domínguez.
Entre sus nuevos clientes, Domínguez encuentra una clara diferencia frente a los más jóvenes. Frente a los que buscan vincular las perforaciones a sentidos y cambios más profundos, los mayores suelen justificarlo más por motivos estéticos y luego descubren todos los significados que tienen detrás.
Y así, el pendiente sigue siendo un símbolo de rebeldía y individualidad, pero también de aceptación y liberación.
Este pequeño detalle, que puede parecer un simple accesorio, ha tomado una vida propia y ha convertido a algunos actores, como Jacob Elordi o Paul Mescal, en verdaderos iconos de moda.
Pero no es solo la juventud quien se atreve a llevar este tipo de pendientes. También hay hombres mayores, como Juan B., de 53 años, que se han permitido lucirlos y que incluso dicen que ha cambiado su forma de ver las cosas. "Ahora se está normalizando mucho. Yo me lo hice este verano y mucha gente pasó semanas viéndome a diario sin darse cuenta de que lo llevaba", explica B.
Sin embargo, hay otros que reciban reacciones muy diferentes. El periodista Borja M., de 43 años, dice que la miradita de sorpresa es algo que le pilla siempre. "Me da vergüenza tener que estar dando explicaciones y cuando la gente me pregunta siempre digo que fue una crisis de edad, en plan sarcástico, pero obviamente hay algo de verdad en ello", cuenta.
En cuanto a la sociedad, el pendiente ha volvido a ganar popularidad, especialmente entre los hombres mayores. La jubilación, el cambio de pareja o tener por fin un trabajo estable son algunos de los motivos que animan a muchos a acercarse al pendiente.
El piercer y propietaria del estudio Center Piercings Madrid, Ale Domínguez, recuerda que las perforaciones arrastran un pequeño sentido de ritual que es casi inevitable. "Marcan un antes y un después en la vida. Suele ser algo que llevan tiempo esperando. Hay nervios, dolor y todo eso se canaliza con la perforación", explica Domínguez.
Entre sus nuevos clientes, Domínguez encuentra una clara diferencia frente a los más jóvenes. Frente a los que buscan vincular las perforaciones a sentidos y cambios más profundos, los mayores suelen justificarlo más por motivos estéticos y luego descubren todos los significados que tienen detrás.
Y así, el pendiente sigue siendo un símbolo de rebeldía y individualidad, pero también de aceptación y liberación.