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El error más grande que cometemos cuando tratamos de comprender a nuestros gatos es que no vemos con los ojos de ellos. Nuestros niños aprenden a caminar, a hablar y a hacer las cosas porque les hemos enseñado; pero a nuestros felinos, solo podemos aprender. Los gatos no están siendo "malos" cuando orinan fuera de la bandeja, arañan un sofá o muerden una mano.
En realidad, son reaccionando ante algo que les genera miedo, inseguridad o frustración. Y es que los animales repiten los comportamientos que funcionan para ellos y no para nosotros. Así que el primer paso para resolver un problema de comportamiento del gato es mirar con ojos de gato. Observar su entorno, sus circunstancias y lo que le beneficia.
Por ejemplo, si un gato evita la caja de arena, puede ser porque se siente amenazado en esa zona, quizás por otro gato de la casa, por un ruido inesperado o un olor desagradable. Desde su punto de vista, el lugar es tranquilo y seguro. Esa es la clave para actuar sobre la causa real del problema, no sobre su síntoma.
La mirada empática es lo que diferencia una convivencia basada en la frustración de otra basada en la comprensión. Y eso se puede lograr cambiando el punto de vista y observando al gato como si fuera un ser humano. Pero hay algo más que hacer: nunca castigar a nuestro felino.
Castigar a un gato no solo no soluciona el problema, sino que lo agrava. Gritarle, rociarlo con agua, golpearlo o restregarle la nariz contra algo no enseña nada, solo genera miedo y desconfianza. En lugar de eso, debemos entender las necesidades naturales y respuestas al estrés del gato.
Muchos comportamientos catalogados como "malos" son simplemente necesidades naturales y respuestas al estrés. Si se castigan, el animal no aprende qué debe hacer, solo aprende a temer a quien lo castiga. Así que debemos ofrecer alternativas seguras y facilitar las cosas en lugar de imponer.
Antes de asumir que un problema es puramente conductual, es importante revisar veterinaria completa para descartar causas físicas. Cambios en el comportamiento, agresividad repentina o apatía pueden deberse a problemas de salud que podemos ignorar si no nos tomamos el tiempo para investigar.
Finalmente, hay un paso muy importante: detectar el problema a tiempo. Muchos conflictos entre gatos o entre gato y persona conviviente surgen de la noche a la mañana. Pero en realidad, son resultado del estrés crónico y la competencia por recursos.
Reorganizar los recursos de forma que haya espacios personales para cada gato o grupo social es una medida básica para prevenir la competencia y el estrés crónico. Y lo más importante es planificar paciencia y vínculo, ofreciendo premios, juego y afecto en lugar de castigos.
El cambio lleva tiempo, pero vale la pena intentarlo. Los gatos no son "maldosos", sino seres que necesitan comprensión y cariño para vivir felices y sanos.
En realidad, son reaccionando ante algo que les genera miedo, inseguridad o frustración. Y es que los animales repiten los comportamientos que funcionan para ellos y no para nosotros. Así que el primer paso para resolver un problema de comportamiento del gato es mirar con ojos de gato. Observar su entorno, sus circunstancias y lo que le beneficia.
Por ejemplo, si un gato evita la caja de arena, puede ser porque se siente amenazado en esa zona, quizás por otro gato de la casa, por un ruido inesperado o un olor desagradable. Desde su punto de vista, el lugar es tranquilo y seguro. Esa es la clave para actuar sobre la causa real del problema, no sobre su síntoma.
La mirada empática es lo que diferencia una convivencia basada en la frustración de otra basada en la comprensión. Y eso se puede lograr cambiando el punto de vista y observando al gato como si fuera un ser humano. Pero hay algo más que hacer: nunca castigar a nuestro felino.
Castigar a un gato no solo no soluciona el problema, sino que lo agrava. Gritarle, rociarlo con agua, golpearlo o restregarle la nariz contra algo no enseña nada, solo genera miedo y desconfianza. En lugar de eso, debemos entender las necesidades naturales y respuestas al estrés del gato.
Muchos comportamientos catalogados como "malos" son simplemente necesidades naturales y respuestas al estrés. Si se castigan, el animal no aprende qué debe hacer, solo aprende a temer a quien lo castiga. Así que debemos ofrecer alternativas seguras y facilitar las cosas en lugar de imponer.
Antes de asumir que un problema es puramente conductual, es importante revisar veterinaria completa para descartar causas físicas. Cambios en el comportamiento, agresividad repentina o apatía pueden deberse a problemas de salud que podemos ignorar si no nos tomamos el tiempo para investigar.
Finalmente, hay un paso muy importante: detectar el problema a tiempo. Muchos conflictos entre gatos o entre gato y persona conviviente surgen de la noche a la mañana. Pero en realidad, son resultado del estrés crónico y la competencia por recursos.
Reorganizar los recursos de forma que haya espacios personales para cada gato o grupo social es una medida básica para prevenir la competencia y el estrés crónico. Y lo más importante es planificar paciencia y vínculo, ofreciendo premios, juego y afecto en lugar de castigos.
El cambio lleva tiempo, pero vale la pena intentarlo. Los gatos no son "maldosos", sino seres que necesitan comprensión y cariño para vivir felices y sanos.