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En un bar como cualquier otro, donde las risas y los chistes son parte del menú, también pueden surgir situaciones que nos hacen reír con desesperanza. La historia que cuenta Gemma, una hostelera tiktokera que no teme compartir sus conversaciones más surrealistas con sus seguidores, es un ejemplo perfecto de cómo la vida puede ser tan rica en humor.
Un cliente, tal vez apasionado por la cocina o simplemente con un hambre insaciable, pide un plato típico español que todos queremos: huevos fritos con patatas y chistorra. Pero esta simple petición se convierte en una charla filosófica sobre la temperatura exacta del aceite, hasta el punto de que los huevos van a dar un giro inesperado. El cliente se queda mirando su plato como si fuera una obra maestra, y cuando le pregunta a Gemma por qué no están fritos perfectamente, esta última se limita a decirle "uy, colega". La situación es tan absurda que Gemma casi se levanta de la mesa para ir buscar el termómetro del aceite.
La cuestión de la temperatura exacta del aceite es un tema que ha sido debatido entre los chefs y las fuentes culinarias. El reconocido chef Karlos Arguiñano, por su parte, se limita a señalar que el líquido tiene que estar "bien caliente", sin dare importancia a la temperatura específica. Otros expertos, como Coosur, sugieren que cuando el aceite está humeante, la temperatura debe estar por encima de los 180º. Sin embargo, Gemma y su cliente han demostrado que a veces, lo más importante es no caer en las trivialidades.
La historia del plato de huevos fritos con patatas y chistorra se convierte así en un tutorial sobre cómo no se toman las cosas demasiado en serio. Aunque el chef Karlos Arguiñano nos habla de la importancia de que el aceite esté "bien caliente", Gemma y su cliente nos muestran que a veces, lo más importante es disfrutar del momento sin preocuparse por los detalles. Y así, con un huevo frito perfecto o no, vivimos una lección sobre cómo se puede encontrar la felicidad en la simplicidad.
Un cliente, tal vez apasionado por la cocina o simplemente con un hambre insaciable, pide un plato típico español que todos queremos: huevos fritos con patatas y chistorra. Pero esta simple petición se convierte en una charla filosófica sobre la temperatura exacta del aceite, hasta el punto de que los huevos van a dar un giro inesperado. El cliente se queda mirando su plato como si fuera una obra maestra, y cuando le pregunta a Gemma por qué no están fritos perfectamente, esta última se limita a decirle "uy, colega". La situación es tan absurda que Gemma casi se levanta de la mesa para ir buscar el termómetro del aceite.
La cuestión de la temperatura exacta del aceite es un tema que ha sido debatido entre los chefs y las fuentes culinarias. El reconocido chef Karlos Arguiñano, por su parte, se limita a señalar que el líquido tiene que estar "bien caliente", sin dare importancia a la temperatura específica. Otros expertos, como Coosur, sugieren que cuando el aceite está humeante, la temperatura debe estar por encima de los 180º. Sin embargo, Gemma y su cliente han demostrado que a veces, lo más importante es no caer en las trivialidades.
La historia del plato de huevos fritos con patatas y chistorra se convierte así en un tutorial sobre cómo no se toman las cosas demasiado en serio. Aunque el chef Karlos Arguiñano nos habla de la importancia de que el aceite esté "bien caliente", Gemma y su cliente nos muestran que a veces, lo más importante es disfrutar del momento sin preocuparse por los detalles. Y así, con un huevo frito perfecto o no, vivimos una lección sobre cómo se puede encontrar la felicidad en la simplicidad.