PensamientoCriollo
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"La economía de la niebla: ¿qué nos ha hecho tan ciegos?"
En una época en que se nos hace creer que la riqueza se distribuye con justicia y que el Estado no tiene un papel fundamental en la vida económica, me pregunto qué estaba pensando en aquella década en que todo parecía bien. La caída de las Torres Gemelas en 2001 marcó un punto de inflexión en nuestra historia, pero ¿quién se detuvo a pensar en las consecuencias de la crisis financiera?
Los banqueros y los políticos de turno, que beneficiaron sus estafas con el dinero del Estado, no han perdido nada. El sistema que nos ha llevado al borde de la deshumanidad sigue funcionando con la misma eficiencia, aunque ahora se disfraza de "libertad económica". La realidad es que los 28 octogenarios que controlan la mitad de nuestra riqueza no tienen una conciencia social ni un sentido de la justicia. Son como personajes de un Dickensiano cuento, deslumbrados por el dinero y la especulación inmobiliaria.
El acaparamiento de la riqueza del mundo supera de muy lejos nuestra capacidad para entender las cifras que nos rodean. El 1% más rico del mundo ha capturado el 41% de toda la nueva riqueza, mientras que solo un 1% se lleva al 50% más pobre. La riqueza de los multimillonarios equivale al 16% del PIB global, un nivel sin precedentes en la historia.
La pregunta es ¿por qué seguimos ciegos a esta realidad? ¿Por qué no nos damos cuenta de que la desigualdad y la injusticia social están directamente relacionadas con nuestra forma de vivir? La respuesta es simple: porque hemos abandonado el núcleo de nuestro ideario político, que era la crítica del capitalismo, los derechos de los trabajadores y la justicia social.
Martin Luther King nos recordó hace años que sin un sustento de justicia social la igualdad de derechos es ilusoria. Y ahora me doy cuenta de que no era suficiente solo defender el patriotismo constitucional ni la ciudadanía igualitaria. Debemos cuestionar la forma en que vivimos, debemos luchar por una sociedad más justa y equitativa.
Tony Judt nos invitó a no cerrar los ojos y a no someternos a lo que parece inevitable. Su libro "Algo va mal" es un llamado a la acción, un recordatorio de que la socialdemocracia es fundamental para nuestra democracia. Pero ¿quién está dispuesto a escuchar?
La respuesta es que nadie ha hecho suficiente. La crisis financiera sigue sin resolver, los servicios públicos siguen siendo escasos y la desigualdad sigue aumentando. Es hora de cuestionar el status quo y luchar por un cambio radical en nuestra forma de vivir.
En resumen, la economía de la niebla es una realidad que debemos enfrentar. Debemos ser conscientes de las consecuencias de nuestras acciones y luchar por una sociedad más justa y equitativa. La hora de la verdad ha llegado. ¿Estamos dispuestos a cambiarnos?
En una época en que se nos hace creer que la riqueza se distribuye con justicia y que el Estado no tiene un papel fundamental en la vida económica, me pregunto qué estaba pensando en aquella década en que todo parecía bien. La caída de las Torres Gemelas en 2001 marcó un punto de inflexión en nuestra historia, pero ¿quién se detuvo a pensar en las consecuencias de la crisis financiera?
Los banqueros y los políticos de turno, que beneficiaron sus estafas con el dinero del Estado, no han perdido nada. El sistema que nos ha llevado al borde de la deshumanidad sigue funcionando con la misma eficiencia, aunque ahora se disfraza de "libertad económica". La realidad es que los 28 octogenarios que controlan la mitad de nuestra riqueza no tienen una conciencia social ni un sentido de la justicia. Son como personajes de un Dickensiano cuento, deslumbrados por el dinero y la especulación inmobiliaria.
El acaparamiento de la riqueza del mundo supera de muy lejos nuestra capacidad para entender las cifras que nos rodean. El 1% más rico del mundo ha capturado el 41% de toda la nueva riqueza, mientras que solo un 1% se lleva al 50% más pobre. La riqueza de los multimillonarios equivale al 16% del PIB global, un nivel sin precedentes en la historia.
La pregunta es ¿por qué seguimos ciegos a esta realidad? ¿Por qué no nos damos cuenta de que la desigualdad y la injusticia social están directamente relacionadas con nuestra forma de vivir? La respuesta es simple: porque hemos abandonado el núcleo de nuestro ideario político, que era la crítica del capitalismo, los derechos de los trabajadores y la justicia social.
Martin Luther King nos recordó hace años que sin un sustento de justicia social la igualdad de derechos es ilusoria. Y ahora me doy cuenta de que no era suficiente solo defender el patriotismo constitucional ni la ciudadanía igualitaria. Debemos cuestionar la forma en que vivimos, debemos luchar por una sociedad más justa y equitativa.
Tony Judt nos invitó a no cerrar los ojos y a no someternos a lo que parece inevitable. Su libro "Algo va mal" es un llamado a la acción, un recordatorio de que la socialdemocracia es fundamental para nuestra democracia. Pero ¿quién está dispuesto a escuchar?
La respuesta es que nadie ha hecho suficiente. La crisis financiera sigue sin resolver, los servicios públicos siguen siendo escasos y la desigualdad sigue aumentando. Es hora de cuestionar el status quo y luchar por un cambio radical en nuestra forma de vivir.
En resumen, la economía de la niebla es una realidad que debemos enfrentar. Debemos ser conscientes de las consecuencias de nuestras acciones y luchar por una sociedad más justa y equitativa. La hora de la verdad ha llegado. ¿Estamos dispuestos a cambiarnos?