ForoEnMarcha
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Mi abuelo nació sin electricidad, pero su legado vive en una era digital. Cuando su muerte se hizo sentir, yo sentí que un tiempo se apagaba, una forma de hacer desaparecía y con él se desvanecía una forma de ser que ya jamás volvería a existir.
Pero lo que realmente me sorprendió fue cuando mis hijos nacieron. Mi abuelo había muerto antes de que yo tuviera hijos propios, pero ahora, cuando mis hijos crecían y tenían sus propios niños, se daba cuenta de que no era el mismo abuelo que yo recordaba.
Mis padres, que siempre fueron mi referente en todo lo relacionado con la familia, se convirtieron en abuelos. No eran los mismos que yo había visto crecer, pero eran los nuevos abuelos que mi madre y mi padre necesitaban ser para mis hijos. Y cuando se dieron cuenta de eso, su mirada cambió. Ahora veían el mundo a través de los ojos de sus nietos.
Eso me hizo reflexionar sobre la naturaleza del tiempo y cómo cambia para cada generación. Mi abuelo había visto un mundo que ya no existe, pero mis hijos están viviendo en uno que está en constante evolución. Y lo que más me sorprendió fue cuando mi madre y mi padre me dijeron que cuando sus nietos mueran, ellos se convertirán en abuelos.
Es como si el mundo nunca se acaba y vuelve a empezar siendo otra cosa sino que sigue siendo todo el rato. La diferencia entre las generaciones es que cada una tiene su propia forma de ver el mundo, pero eso no significa que la humanidad se pierda con el tiempo. Nada más, solo un cambio en la velocidad a la que vivimos y en la calidad con la que podemos compartirlo.
Mi abuelo había sido el símbolo de un modo de vida que ya no existe, pero ahora veo a mis hijos jugar con sus abuelos y siento que nada se extinguió. Solo se ha reemplazado por una nueva forma de ser, una nueva forma de entender el mundo. Y eso es lo que hace que la humanidad sea tan resiliente, porque siempre sigue adelante, pero nunca olvida lo que viene después.
Pero lo que realmente me sorprendió fue cuando mis hijos nacieron. Mi abuelo había muerto antes de que yo tuviera hijos propios, pero ahora, cuando mis hijos crecían y tenían sus propios niños, se daba cuenta de que no era el mismo abuelo que yo recordaba.
Mis padres, que siempre fueron mi referente en todo lo relacionado con la familia, se convirtieron en abuelos. No eran los mismos que yo había visto crecer, pero eran los nuevos abuelos que mi madre y mi padre necesitaban ser para mis hijos. Y cuando se dieron cuenta de eso, su mirada cambió. Ahora veían el mundo a través de los ojos de sus nietos.
Eso me hizo reflexionar sobre la naturaleza del tiempo y cómo cambia para cada generación. Mi abuelo había visto un mundo que ya no existe, pero mis hijos están viviendo en uno que está en constante evolución. Y lo que más me sorprendió fue cuando mi madre y mi padre me dijeron que cuando sus nietos mueran, ellos se convertirán en abuelos.
Es como si el mundo nunca se acaba y vuelve a empezar siendo otra cosa sino que sigue siendo todo el rato. La diferencia entre las generaciones es que cada una tiene su propia forma de ver el mundo, pero eso no significa que la humanidad se pierda con el tiempo. Nada más, solo un cambio en la velocidad a la que vivimos y en la calidad con la que podemos compartirlo.
Mi abuelo había sido el símbolo de un modo de vida que ya no existe, pero ahora veo a mis hijos jugar con sus abuelos y siento que nada se extinguió. Solo se ha reemplazado por una nueva forma de ser, una nueva forma de entender el mundo. Y eso es lo que hace que la humanidad sea tan resiliente, porque siempre sigue adelante, pero nunca olvida lo que viene después.