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La Noche de las Velitas, una celebración que une a los colombianos en el extranjero.
En Madrid, la luz se esconde detrás de un velo de tradición. El Día de las Velitas, una festividad que marca el inicio oficial de la Navidad en Colombia, ha llegado a España con su propia historia y rituales. Los colombianos que viven aquí, sin embargo, lo celebran con fervor, recordando su país natal y compartiendo sus raíces.
En el hogar de Karol Ortega, la puerta se abre y un grupo de niños irrumpen con gritos de emoción. Su madre abraza a cada uno de ellos con melancolía. La tradición viajó con los migrantes: encender una vela para agradecer, pedir o sentirse en casa. "Es una ocasión para traer al presente lo que vivimos de pequeños y volver a conectar con la tierra, nuestras raíces y la familia", dice la terapeuta de 35 años que emigró hace más de dos décadas.
En el comedor se preparan platos típicos colombianos. Natilla, buñuelos y uvas forman parte del ritual. La mesa también se llena con tablas de quesos y chorizo, una mezcla de tradiciones. Los niños están presentes, explicando a sus padres que esta celebración no es española, sino colombiana.
En Colombia, la gente camina rápidas con bolsas llenas de velas y faroles, buscando llegar a casa para reunirse en familia. En cada esquina se escuchan diferentes atmósferas: vecinos ponen música, otros encienden la radio con canciones populares.
La tradición es compartida a través de las videollamadas. La emoción se vuelve sentir y compartir. Los ojos húmedos de despedida revelan la nostalgia. Para Laura Oliveros, hacer velas es su última escapada en Madrid: "Es mi manera de mantener viva la tradición; de algún modo intento teletransportarme y sentir", dice.
Mientras que los colombianos celebran en el extranjero, una mujer emprendedora hace velas con nombres y escarzos. Su negocio se llama Malu Piñatas y más: "Me pone contenta entregar un paquete de velas y ver las caras de quienes lo reciben". En su primer año vendió más de 100 paquetes.
En Madrid, las calles están iluminadas con una caja negra: cada bolsa contiene palabras como amor, salud o familia. Blanca Arias, una colombiana que emigró hace 23 años, entrega estas velas a sus nueras españolas para que enciendan velitas cada 7 de diciembre. "Nosotros nunca hemos perdido la tradición", dice.
Pero no todos celebran con tanto entusiasmo: Estefanía Salazar, una joven de 22 años que llegó hace tres años y medio, siente la soledad en esta fecha especial. En Colombia, cada 7 de diciembre encendía las velas junto a su madre. Ahora, asegura celebrar con más devoción: "Es algo muy bonito de nuestro país que merece ser compartido. Nos representa".
En Madrid, la luz se esconde detrás de un velo de tradición. El Día de las Velitas, una festividad que marca el inicio oficial de la Navidad en Colombia, ha llegado a España con su propia historia y rituales. Los colombianos que viven aquí, sin embargo, lo celebran con fervor, recordando su país natal y compartiendo sus raíces.
En el hogar de Karol Ortega, la puerta se abre y un grupo de niños irrumpen con gritos de emoción. Su madre abraza a cada uno de ellos con melancolía. La tradición viajó con los migrantes: encender una vela para agradecer, pedir o sentirse en casa. "Es una ocasión para traer al presente lo que vivimos de pequeños y volver a conectar con la tierra, nuestras raíces y la familia", dice la terapeuta de 35 años que emigró hace más de dos décadas.
En el comedor se preparan platos típicos colombianos. Natilla, buñuelos y uvas forman parte del ritual. La mesa también se llena con tablas de quesos y chorizo, una mezcla de tradiciones. Los niños están presentes, explicando a sus padres que esta celebración no es española, sino colombiana.
En Colombia, la gente camina rápidas con bolsas llenas de velas y faroles, buscando llegar a casa para reunirse en familia. En cada esquina se escuchan diferentes atmósferas: vecinos ponen música, otros encienden la radio con canciones populares.
La tradición es compartida a través de las videollamadas. La emoción se vuelve sentir y compartir. Los ojos húmedos de despedida revelan la nostalgia. Para Laura Oliveros, hacer velas es su última escapada en Madrid: "Es mi manera de mantener viva la tradición; de algún modo intento teletransportarme y sentir", dice.
Mientras que los colombianos celebran en el extranjero, una mujer emprendedora hace velas con nombres y escarzos. Su negocio se llama Malu Piñatas y más: "Me pone contenta entregar un paquete de velas y ver las caras de quienes lo reciben". En su primer año vendió más de 100 paquetes.
En Madrid, las calles están iluminadas con una caja negra: cada bolsa contiene palabras como amor, salud o familia. Blanca Arias, una colombiana que emigró hace 23 años, entrega estas velas a sus nueras españolas para que enciendan velitas cada 7 de diciembre. "Nosotros nunca hemos perdido la tradición", dice.
Pero no todos celebran con tanto entusiasmo: Estefanía Salazar, una joven de 22 años que llegó hace tres años y medio, siente la soledad en esta fecha especial. En Colombia, cada 7 de diciembre encendía las velas junto a su madre. Ahora, asegura celebrar con más devoción: "Es algo muy bonito de nuestro país que merece ser compartido. Nos representa".