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Matteo Bassetti, un experto en infectología que no podía dejar pasar sin comentario la amenaza que representa el consumo de agua embotellada. Según él, beber agua en botellas de plástico es "como comer una tarjeta de crédito a la semana", ya que los microplásticos que se liberan del envase pueden ser absorbidos por nuestro cuerpo.
El problema no radica en el agua misma, sino en el material del que está hecha la botella. El experto afirma que esta partícula puede permanecer dentro de la botella durante unos años, incluso después de haber sido abierta y vaciada. Esto hace que los estudios sobre los efectos de la exposición a estos microplásticos sean aún más alarmantes.
Bassetti advierte que consumir agua embotellada puede provocar inflamación en los tejidos y alterar procesos celulares, lo que podría contribuir a desarrollar estados inflamatorios crónicos relacionados con enfermedades metabólicas, cardiovasculares e incluso autoinmunes. Pero lo peor es que estos microplásticos no solo entran en el organismo a través del agua embotellada, sino también mediante alimentos, aire y productos de uso diario.
El especialista no propone un rechazo total a las botellas de plástico, pero sí sugiere reducir su uso cotidiano. En cambio, prioriza el consumo de agua del grifo siempre que sea potable, y recomienda utilizar envases de vidrio o acero inoxidable, materiales más seguros y sostenibles.
Y para desmontar otro mito sobre el agua embotellada, Bassetti explica que en más del 60% de los casos, el agua de las botellas es la misma que sale del grifo, solo que filtrada o ligeramente tratada. Esto significa que no hay una diferencia significativa entre ambos, lo que hace que esta opción sea cada vez menos atractiva para muchos consumidores.
El problema no radica en el agua misma, sino en el material del que está hecha la botella. El experto afirma que esta partícula puede permanecer dentro de la botella durante unos años, incluso después de haber sido abierta y vaciada. Esto hace que los estudios sobre los efectos de la exposición a estos microplásticos sean aún más alarmantes.
Bassetti advierte que consumir agua embotellada puede provocar inflamación en los tejidos y alterar procesos celulares, lo que podría contribuir a desarrollar estados inflamatorios crónicos relacionados con enfermedades metabólicas, cardiovasculares e incluso autoinmunes. Pero lo peor es que estos microplásticos no solo entran en el organismo a través del agua embotellada, sino también mediante alimentos, aire y productos de uso diario.
El especialista no propone un rechazo total a las botellas de plástico, pero sí sugiere reducir su uso cotidiano. En cambio, prioriza el consumo de agua del grifo siempre que sea potable, y recomienda utilizar envases de vidrio o acero inoxidable, materiales más seguros y sostenibles.
Y para desmontar otro mito sobre el agua embotellada, Bassetti explica que en más del 60% de los casos, el agua de las botellas es la misma que sale del grifo, solo que filtrada o ligeramente tratada. Esto significa que no hay una diferencia significativa entre ambos, lo que hace que esta opción sea cada vez menos atractiva para muchos consumidores.