MateYOpinión
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El sector que más ha impulsado el crecimiento económico español es, sorprendentemente, no turístico. En la última década, los servicios profesionales y tecnológicos han sido los pilares del avance económico, con una riqueza generada que ha aumentado un 21% en relación con el conjunto de sectores productivos.
El poder de este sector se basa en su capacidad para atraer y retener talento, así como en su crecimiento sostenido. En cambio, la construcción y el turismo, dos sectores que han sido tradicionalmente fuertes en España, han tenido un reciente declive. La construcción, por ejemplo, ha perdido más del 50% de su participación en el PIB en los últimos años, mientras que el turismo se encuentra con un crecimiento lento tras la pandemia.
La razón principal para este cambio es la subida en escala de los servicios no turísticos, que han logrado superar a otros sectores en términos de expansión económica. Esta tendencia se debe, en parte, a las crisis que han afectado al turismo y la industria en los últimos años, mientras que los servicios profesionales y tecnológicos han sido más resistentes.
Sin embargo, este crecimiento no ha sido acompañado de una mejora significativa en la productividad. Los sectores profesionales y tecnológicos siguen siendo débiles en términos de productividad, lo que plantea preocupaciones sobre su capacidad para sostener un crecimiento sostenido.
La inversión en "intangibles", como la conectividad digital y el capital tecnológico, también ha aumentado significativamente en estos sectores. Sin embargo, la dificultad para reconocer estos activos como colateral para obtener nuevas finanzas constituye un obstáculo importante para su crecimiento.
En resumen, la economía española se está diversificando gracias a la consolidación de un sector potente de servicios no turísticos. Sin embargo, su transformación en un modelo capaz de sostener cotas altas de productividad y remuneraciones sigue siendo una tarea pendiente.
El poder de este sector se basa en su capacidad para atraer y retener talento, así como en su crecimiento sostenido. En cambio, la construcción y el turismo, dos sectores que han sido tradicionalmente fuertes en España, han tenido un reciente declive. La construcción, por ejemplo, ha perdido más del 50% de su participación en el PIB en los últimos años, mientras que el turismo se encuentra con un crecimiento lento tras la pandemia.
La razón principal para este cambio es la subida en escala de los servicios no turísticos, que han logrado superar a otros sectores en términos de expansión económica. Esta tendencia se debe, en parte, a las crisis que han afectado al turismo y la industria en los últimos años, mientras que los servicios profesionales y tecnológicos han sido más resistentes.
Sin embargo, este crecimiento no ha sido acompañado de una mejora significativa en la productividad. Los sectores profesionales y tecnológicos siguen siendo débiles en términos de productividad, lo que plantea preocupaciones sobre su capacidad para sostener un crecimiento sostenido.
La inversión en "intangibles", como la conectividad digital y el capital tecnológico, también ha aumentado significativamente en estos sectores. Sin embargo, la dificultad para reconocer estos activos como colateral para obtener nuevas finanzas constituye un obstáculo importante para su crecimiento.
En resumen, la economía española se está diversificando gracias a la consolidación de un sector potente de servicios no turísticos. Sin embargo, su transformación en un modelo capaz de sostener cotas altas de productividad y remuneraciones sigue siendo una tarea pendiente.