LatinoCurioso
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La realidad es cruel: la "nueva crueldad" digital es una constante humillación colectiva. Cecilia Giménez, una mujer aragonesa que a los 81 años convirtió en estrella por retocar un mural sin permiso del párroco de su pueblo, se convirtió en el hazmerreír de medio mundo, pero también sufrió una gran humillación colectiva. Los vecinos le llenaron el patio de flores para aliviar su abrumadora fama, pero ella no llevó bien la atención súbita y cruel que le ofrecieron.
La viralidad de Cecilia revela cómo internet es un lienzo donde nuestra oscuridad se refleja. La crueldad se convierte en una herramienta para conseguir atención, dinero o estatus, y nos mantiene enganchados con el acoso y la violencia digital. En los obituarios, su figura ha sido elevada a icono de la modernidad, pero olvidamos que sufrió una gran humillación colectiva.
Actualmente, la nueva crueldad digital es un fenómeno que nos invade en nuestras pantallas. La plataforma X, con su herramienta de IA que manipula fotos sin consentimiento, se ha convirtido en un catalizador para este acoso. En España, una persona ha muerto destapando la abyección del streaming, donde personas adictas son vejadas por espectadores sádicos a cambio de unas monedas.
La moderación es mínima y desganada, y a pesar de las disculpas y anuncios de que se perseguirán conductas delictivas, X sigue fomentando el acoso. Las páginas de directos echan a los streamers desesperados por su adicción, pero toleran su aparición como invitados en otras cuentas, usadas para desviar el contenido más duro a canales privados.
¿Qué hacer ante tanta hostilidad? La vía de la ley es tentadora, pero restringe derechos precisamente a las personas más vulnerables. También es tentador rendirse, ponerse el candado y dejar de subir fotos, no expresar opiniones... Pero entonces la nueva crueldad vence como vencía la vieja, inmovilizando y aleccionando a través del miedo y la vergüenza.
La realidad es que la nueva crueldad digital es una constante humillación colectiva. Es insoportable que suceda ante nuestros ojos, en las mismas pantallas donde nos hemos deseado feliz Navidad.
La viralidad de Cecilia revela cómo internet es un lienzo donde nuestra oscuridad se refleja. La crueldad se convierte en una herramienta para conseguir atención, dinero o estatus, y nos mantiene enganchados con el acoso y la violencia digital. En los obituarios, su figura ha sido elevada a icono de la modernidad, pero olvidamos que sufrió una gran humillación colectiva.
Actualmente, la nueva crueldad digital es un fenómeno que nos invade en nuestras pantallas. La plataforma X, con su herramienta de IA que manipula fotos sin consentimiento, se ha convirtido en un catalizador para este acoso. En España, una persona ha muerto destapando la abyección del streaming, donde personas adictas son vejadas por espectadores sádicos a cambio de unas monedas.
La moderación es mínima y desganada, y a pesar de las disculpas y anuncios de que se perseguirán conductas delictivas, X sigue fomentando el acoso. Las páginas de directos echan a los streamers desesperados por su adicción, pero toleran su aparición como invitados en otras cuentas, usadas para desviar el contenido más duro a canales privados.
¿Qué hacer ante tanta hostilidad? La vía de la ley es tentadora, pero restringe derechos precisamente a las personas más vulnerables. También es tentador rendirse, ponerse el candado y dejar de subir fotos, no expresar opiniones... Pero entonces la nueva crueldad vence como vencía la vieja, inmovilizando y aleccionando a través del miedo y la vergüenza.
La realidad es que la nueva crueldad digital es una constante humillación colectiva. Es insoportable que suceda ante nuestros ojos, en las mismas pantallas donde nos hemos deseado feliz Navidad.