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La justicia del seudónimo: ¿quién se queda con la historia?
La muerte de Ángel Torres Quesada el pasado 30 de noviembre sacudió a muchos lectores, especialmente en Andalucía. Para algunos era un pastelero famoso, mientras que otros recordaban su obra como una pionera de la ciencia ficción nacional. Lo curioso es que su vida y legado estuvieron marcados por el uso de seudónimos anglosajones para vender sus libros.
En las décadas de los bolsilibros, cuando el lector tenía más poder sobre la narrativa, algunos escritores se enfrentaban a la realidad de que no podían publicar bajo su nombre real. Esa era la época en la que se vendían más ejemplares con un seudónimo anglosajón. Un ejemplo claro es el caso de Ángel Torres Quesada, quien firmaba como A. Thorkent y Alex Towers.
Su obra, especialmente "La saga del orden estelar", sigue siendo recordada por muchos lectores. Sin embargo, su vida como autor de 120 libros se queda oculta detrás de un nombre que no refleja la realidad. ¿Qué pasaría si sus obras hubieran sido publicadas con su nombre real? Sería diferente el impacto que tendrían en la memoria popular y la forma en que se abordan sus escritos.
La injusticia del seudónimo es que muchos clientes de su pastelería no sabían que era él quien creaba esas historias, mientras que otros autores de la época, como Juan Gallardo Muñoz o Antonio Vera Ramírez, pasan a la historia sin ser reconocidos. La vida de Ángel Torres Quesada se queda en el olvido, reemplazada por un nombre que no le pertenece.
En este sentido, parece que la literatura y la memoria coexisten de manera extraña. ¿Quién se queda con la historia? ¿El autor que firmaba como A. Thorkent o Alex Towers, o el que creó esas historias que hoy en día siguen siendo leídas y disfrutadas? La respuesta no es fácil, pero una cosa es segura: la justicia del seudónimo ha dejado un legado de olvido, donde las obras de Ángel Torres Quesada permanecen envueltas en misterio.
La muerte de Ángel Torres Quesada el pasado 30 de noviembre sacudió a muchos lectores, especialmente en Andalucía. Para algunos era un pastelero famoso, mientras que otros recordaban su obra como una pionera de la ciencia ficción nacional. Lo curioso es que su vida y legado estuvieron marcados por el uso de seudónimos anglosajones para vender sus libros.
En las décadas de los bolsilibros, cuando el lector tenía más poder sobre la narrativa, algunos escritores se enfrentaban a la realidad de que no podían publicar bajo su nombre real. Esa era la época en la que se vendían más ejemplares con un seudónimo anglosajón. Un ejemplo claro es el caso de Ángel Torres Quesada, quien firmaba como A. Thorkent y Alex Towers.
Su obra, especialmente "La saga del orden estelar", sigue siendo recordada por muchos lectores. Sin embargo, su vida como autor de 120 libros se queda oculta detrás de un nombre que no refleja la realidad. ¿Qué pasaría si sus obras hubieran sido publicadas con su nombre real? Sería diferente el impacto que tendrían en la memoria popular y la forma en que se abordan sus escritos.
La injusticia del seudónimo es que muchos clientes de su pastelería no sabían que era él quien creaba esas historias, mientras que otros autores de la época, como Juan Gallardo Muñoz o Antonio Vera Ramírez, pasan a la historia sin ser reconocidos. La vida de Ángel Torres Quesada se queda en el olvido, reemplazada por un nombre que no le pertenece.
En este sentido, parece que la literatura y la memoria coexisten de manera extraña. ¿Quién se queda con la historia? ¿El autor que firmaba como A. Thorkent o Alex Towers, o el que creó esas historias que hoy en día siguen siendo leídas y disfrutadas? La respuesta no es fácil, pero una cosa es segura: la justicia del seudónimo ha dejado un legado de olvido, donde las obras de Ángel Torres Quesada permanecen envueltas en misterio.