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Donald Trump ha estado difundiendo una gran mentira desde el inicio de su segunda presidencia: que los ataques militares a barcos en aguas internacionales están disuadiendo al narcotráfico. En realidad, la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos reconoce solo el 0,2% del fentanilo incautado procedía de Canadá.
La mentira se ha convertido en una ficción geopolítica siniestra que ha causado la muerte de al menos 61 personas. Además, muchos expertos consideran claramente ilegales estos ataques, que son una forma de proyección de poder y potencialmente un intento de cambiar el régimen venezolano.
La verdad es que la crisis de los opioides en Estados Unidos se originó por una estrategia lucrativa de Purdue Pharma. El analgésico opioide OxyContin fue responsable del aumento inicial de muertes por sobredosis, y muchos consumidores recurrieron a la heroína y ahora al fentanilo.
El asesinato extrajudicial de presuntos narcotraficantes no tiene mucho que ver con el narcotráfico, sino más bien con la proyección de poder. La Administración Trump ha autorizado operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela y desplegó su portaaviones más avanzado en el mar Caribe.
La crítica a la mentira es que desvía la culpa. Responsabilizar a otros países de la crisis de los opioides es una forma atractiva de externalización moral para los estadounidenses. La Administración Trump está adoctrinando a la prensa y al público estadounidense para que asocien los ataques a los barcos con la detención del flujo de fentanilo.
Las guerras empiezan con palabras, lo que implica que estas deben tomarse en serio antes de que estalle el conflicto. Solo desenmascarando a los grandes mentirosos y diciendo las pequeñas verdades podemos tener alguna esperanza de frenar la presidencia cada vez más agresiva de Trump.
La política de seguridad de Donald Trump es una de las más peligrosas en la historia de Estados Unidos, ya que está basada en historias falsas y manipulación de datos. La mentira se ha convertido en un elemento clave de su estrategia política, y debe ser desafiada y desmantelada antes de que sea demasiado tarde.
La mentira se ha convertido en una ficción geopolítica siniestra que ha causado la muerte de al menos 61 personas. Además, muchos expertos consideran claramente ilegales estos ataques, que son una forma de proyección de poder y potencialmente un intento de cambiar el régimen venezolano.
La verdad es que la crisis de los opioides en Estados Unidos se originó por una estrategia lucrativa de Purdue Pharma. El analgésico opioide OxyContin fue responsable del aumento inicial de muertes por sobredosis, y muchos consumidores recurrieron a la heroína y ahora al fentanilo.
El asesinato extrajudicial de presuntos narcotraficantes no tiene mucho que ver con el narcotráfico, sino más bien con la proyección de poder. La Administración Trump ha autorizado operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela y desplegó su portaaviones más avanzado en el mar Caribe.
La crítica a la mentira es que desvía la culpa. Responsabilizar a otros países de la crisis de los opioides es una forma atractiva de externalización moral para los estadounidenses. La Administración Trump está adoctrinando a la prensa y al público estadounidense para que asocien los ataques a los barcos con la detención del flujo de fentanilo.
Las guerras empiezan con palabras, lo que implica que estas deben tomarse en serio antes de que estalle el conflicto. Solo desenmascarando a los grandes mentirosos y diciendo las pequeñas verdades podemos tener alguna esperanza de frenar la presidencia cada vez más agresiva de Trump.
La política de seguridad de Donald Trump es una de las más peligrosas en la historia de Estados Unidos, ya que está basada en historias falsas y manipulación de datos. La mentira se ha convertido en un elemento clave de su estrategia política, y debe ser desafiada y desmantelada antes de que sea demasiado tarde.