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En medio de la esquina de Zurbano con Calle Mayor, en el corazón del barrio de Sol, se encuentra Gurisa Madrid. Su apertura fue discreta y su recorrido ha sido notable. Lo que muchos ya saben es que el restaurante va más allá del típico asador argentino.
El local cuenta con una capacidad para 80 personas y dos plantas concebidas por la interiorista uruguaya Patricia Torres, responsable también de la decoración del local uruguayo. En su planta superior, destaca la cocina a la vista que permite a los comensales contemplar el trabajo del equipo.
El chef Carlos Roux es el cerebro detrás de la propuesta gastronómica, junto con su pareja Lucas Bustos, cocinero nacido en Mendoza y dueño de origen argentino. Ambos buscan mostrar el lado sofisticado del fuego y ensalzar lo rústico. La carta se modifica cada dos o tres días, dependiendo de lo que haya en el mercado.
El menú degustación es la opción recomendada, con precios de 120 euros por persona, donde se disfrutan 10 platos sin bebidas. En Gurisa Madrid no se busca imponer nada, sino que se vive la experiencia, sin exceptos ni exenciones. Casi todo lo elaborado toca el fuego, ya sea directamente o contenido.
Entre los platos destacan el cordero braseado en hojas de vid y las mollejas de ternera doradas al hierro sobre quinoa y cítricos. Los postres son sublimes y llevan la firma de la pastelera Julieta Negri, creando como un hojaldre prensado con chocolate amargo o una tarta de limón con chocolate blanco.
En definitiva, Gurisa Madrid es otro restaurante efímero solo en temporada de verano, pero con personalidad y estilo propio.
El local cuenta con una capacidad para 80 personas y dos plantas concebidas por la interiorista uruguaya Patricia Torres, responsable también de la decoración del local uruguayo. En su planta superior, destaca la cocina a la vista que permite a los comensales contemplar el trabajo del equipo.
El chef Carlos Roux es el cerebro detrás de la propuesta gastronómica, junto con su pareja Lucas Bustos, cocinero nacido en Mendoza y dueño de origen argentino. Ambos buscan mostrar el lado sofisticado del fuego y ensalzar lo rústico. La carta se modifica cada dos o tres días, dependiendo de lo que haya en el mercado.
El menú degustación es la opción recomendada, con precios de 120 euros por persona, donde se disfrutan 10 platos sin bebidas. En Gurisa Madrid no se busca imponer nada, sino que se vive la experiencia, sin exceptos ni exenciones. Casi todo lo elaborado toca el fuego, ya sea directamente o contenido.
Entre los platos destacan el cordero braseado en hojas de vid y las mollejas de ternera doradas al hierro sobre quinoa y cítricos. Los postres son sublimes y llevan la firma de la pastelera Julieta Negri, creando como un hojaldre prensado con chocolate amargo o una tarta de limón con chocolate blanco.
En definitiva, Gurisa Madrid es otro restaurante efímero solo en temporada de verano, pero con personalidad y estilo propio.