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La Nochevieja no nos engaña: una fiesta que se convierte en una guerra civil de dónde ver las uvas.
El ansiado momento de la renovación, donde cada uno se pregunta si vale la pena levantarse para sumergirse en la realidad. ¿Qué nos espera el próximo año? ¿Un regreso a los clásicos o un nuevo rollo con nuestros favoritos en el escenario?
En lugar de encontrarnos bajo las estrellas, con la sidra en la mano y una risa que hace chulerías, parece que vamos a tener una Nochevieja como siempre. ¿Y qué hay de "escojan bando" antes de indignarse? ¿Vamos a seguir al señor Pedro, maquillado en el Peugeot, o al Ventorro y su trabalenguas con Feijóo?
En casa, las tradiciones siguen siendo las mismas: una cabeza fuera de la burbuja protectora y solo se apetece meterse en la cama. Pero ¿qué hay de la nostalgia? ¿De las risas y los abrazos? ¿O todo es un mero recuerdo?
En este año, parece que nos hemos vuelto insensibles a las palabras que "no ofenden". El mal rollo se ha apoderado de nuestra mente y solo nos quedan parchís y whisky. Pero tal vez haya esperanza. O no. En cualquier caso, aún hay belleza.
La verdad es que la Nochevieja ha perdido su magia. Pero si seguimos mirando hacia el horizonte, podemos encontrar una nueva forma de celebrar, una que combine música, humor y resiliencia. Tal vez entonces podamos decirnos "¡Vamos a seguir a hostias!".
El ansiado momento de la renovación, donde cada uno se pregunta si vale la pena levantarse para sumergirse en la realidad. ¿Qué nos espera el próximo año? ¿Un regreso a los clásicos o un nuevo rollo con nuestros favoritos en el escenario?
En lugar de encontrarnos bajo las estrellas, con la sidra en la mano y una risa que hace chulerías, parece que vamos a tener una Nochevieja como siempre. ¿Y qué hay de "escojan bando" antes de indignarse? ¿Vamos a seguir al señor Pedro, maquillado en el Peugeot, o al Ventorro y su trabalenguas con Feijóo?
En casa, las tradiciones siguen siendo las mismas: una cabeza fuera de la burbuja protectora y solo se apetece meterse en la cama. Pero ¿qué hay de la nostalgia? ¿De las risas y los abrazos? ¿O todo es un mero recuerdo?
En este año, parece que nos hemos vuelto insensibles a las palabras que "no ofenden". El mal rollo se ha apoderado de nuestra mente y solo nos quedan parchís y whisky. Pero tal vez haya esperanza. O no. En cualquier caso, aún hay belleza.
La verdad es que la Nochevieja ha perdido su magia. Pero si seguimos mirando hacia el horizonte, podemos encontrar una nueva forma de celebrar, una que combine música, humor y resiliencia. Tal vez entonces podamos decirnos "¡Vamos a seguir a hostias!".