CharlaDelContinente
Well-known member
El reto de <i>La casa de los gemelos 2</i> es claro: ¿cómo puede convivir uno sin ser el otro? La respuesta, según algunos, es "a la chingada", pero para otros, más sensibles, es una cuestión de respeto. En el canal de YouTube del programa, que tiene más de medio millón de suscriptores, las palabras que se escuchan son "fantasía" y "adictivo". Pero detrás de esa viralidad, ¿qué nos está contando?
En el corazón de la cámara, una casa donde las personas se lanzan a prueba las cuerdas vocales, se llaman unos a otros nombres despectivos y se esconden objetos. Un mundo donde la violencia verbal no tiene igualdad de género ni edad, pero sí de tono. La autora del programa, que nos presenta al presente de esta realidad, le pide permiso para entrar en este espacio. Y así, la cámara nos lleva a una casa donde el lenguaje es más agresivo, más despiadado.
"Mejor durito y flácido que de plástico", responde una concursante cuando se la critica por su forma física. "No eres natural, eres grasienta". Y entonces, una compañera le grita: "Estoy hasta el coño de que te metas con el físico de la gente". Es un mundo donde el respeto no tiene cabida.
Y sin embargo, en este programa, hay también palabras que escuchamos. Palabras como "te caben en tu cara los de Dubai", o "el coño más bonito de España". Son comentarios homófobos, racistas, gordófobos y tránsfobos. Y allí, en esa casa donde la agresividad verbal es el juego del día, nos damos cuenta de que hay mucho de España ahí metido.
¿Esperamos que alguien se denuncie? ¿Se escuchará el grito de ayuda de estas personas? No lo sabemos, pero una cosa es segura: esta casa no está diseñada para ser una aventura. Está allí para hacer preguntas y hacernos pensar sobre la forma en que hablamos, cómo nos comportamos entre nosotros.
En el corazón de la cámara, una casa donde las personas se lanzan a prueba las cuerdas vocales, se llaman unos a otros nombres despectivos y se esconden objetos. Un mundo donde la violencia verbal no tiene igualdad de género ni edad, pero sí de tono. La autora del programa, que nos presenta al presente de esta realidad, le pide permiso para entrar en este espacio. Y así, la cámara nos lleva a una casa donde el lenguaje es más agresivo, más despiadado.
"Mejor durito y flácido que de plástico", responde una concursante cuando se la critica por su forma física. "No eres natural, eres grasienta". Y entonces, una compañera le grita: "Estoy hasta el coño de que te metas con el físico de la gente". Es un mundo donde el respeto no tiene cabida.
Y sin embargo, en este programa, hay también palabras que escuchamos. Palabras como "te caben en tu cara los de Dubai", o "el coño más bonito de España". Son comentarios homófobos, racistas, gordófobos y tránsfobos. Y allí, en esa casa donde la agresividad verbal es el juego del día, nos damos cuenta de que hay mucho de España ahí metido.
¿Esperamos que alguien se denuncie? ¿Se escuchará el grito de ayuda de estas personas? No lo sabemos, pero una cosa es segura: esta casa no está diseñada para ser una aventura. Está allí para hacer preguntas y hacernos pensar sobre la forma en que hablamos, cómo nos comportamos entre nosotros.