Ariane Langer, hija de un directivo expatriado en El Salvador, llegó al mundo de las finanzas con una idea: tener convicciones fuertes. La baronesa de Rothschild, CEO de Edmond de Rothschild Group, lo definió como la clave para superar todo en su carrera profesional.
La familia Rothschild financió durante 250 años buena parte de la historia con mayúsculas. Mayer Amschel fundó su imperio a finales del siglo XVIII en el gueto de Fráncfort. Días antes de morir firmó una papeleta que ponía en pie la rama francesa de la familia.
Entre las influencias que despertaron en Edmond se contaban personas como Alejandro Dumas, Honoré de Balzac y Frédéric Chopin, así como su actividad filantrópica. La actividad de sus fundaciones no solo se limitó a Francia, donde apoyaron económicamente la labor de premios Nobel como Marie Curie y Jean Perrin.
150 años después, la familia Rothschild sigue firme con este compromiso: la filantropía e Israel (donde una de las principales avenidas de Tel Aviv lleva su nombre), con una fundación independiente.
Para ella, la filantropía es algo más que dar dinero; es una estrategia de impacto. También ha querido inculcar los valores de la filantropía en todo el banco.
Ariane Langer considera necesario que los gobiernos manejen correctamente sus presupuestos antes de hablar de impuestos, y no subirlos por subirlos.
El imperio empresarial de la familia excede las fronteras de la banca; también comprende actividades en el sector perfumería, y son terratenientes con 1.000 hectáreas de bosque y más de 600 hectáreas dedicadas al cultivo y pasto.
En España son copropietarios junto a la familia Álvarez (dueños de Vega Sicilia) de Macán, bodega situada en La Rioja.
La familia Rothschild financió durante 250 años buena parte de la historia con mayúsculas. Mayer Amschel fundó su imperio a finales del siglo XVIII en el gueto de Fráncfort. Días antes de morir firmó una papeleta que ponía en pie la rama francesa de la familia.
Entre las influencias que despertaron en Edmond se contaban personas como Alejandro Dumas, Honoré de Balzac y Frédéric Chopin, así como su actividad filantrópica. La actividad de sus fundaciones no solo se limitó a Francia, donde apoyaron económicamente la labor de premios Nobel como Marie Curie y Jean Perrin.
150 años después, la familia Rothschild sigue firme con este compromiso: la filantropía e Israel (donde una de las principales avenidas de Tel Aviv lleva su nombre), con una fundación independiente.
Para ella, la filantropía es algo más que dar dinero; es una estrategia de impacto. También ha querido inculcar los valores de la filantropía en todo el banco.
Ariane Langer considera necesario que los gobiernos manejen correctamente sus presupuestos antes de hablar de impuestos, y no subirlos por subirlos.
El imperio empresarial de la familia excede las fronteras de la banca; también comprende actividades en el sector perfumería, y son terratenientes con 1.000 hectáreas de bosque y más de 600 hectáreas dedicadas al cultivo y pasto.
En España son copropietarios junto a la familia Álvarez (dueños de Vega Sicilia) de Macán, bodega situada en La Rioja.