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Isabel González, quien ha sido la primera gerente del Hospital de Alzira después de la inversión a Ribera Salud, destaca que el problema no es único del hospital valenciano, sino que se trata de un modus operandi común en todo el sistema. "Privatizar es muy fácil, desprivatizar es difícil", advierte.
Para la exdirectora general de la Alta Inspección Sanitaria de la Generalitat Valenciana, las concesiones a empresas privadas para gestionar hospitales públicos son una fórmula que permite obtener beneficios económicos a costa del servicio público. "Los pacientes rentables son los que presentan patologías específicas y cuyo tratamiento es más costoso", explica.
En el caso del Hospital de Alzira, la gerente revela que los médicos obtenían incentivos económicos por captar pacientes de otros departamentos de salud que acudían al hospital. "Efectivamente, teníamos contactos con amigos y conocidos para conseguir pacientes fuera del departamento", admite.
Además, González señala que el sistema opaco de la empresa había dificultado la supervisión y control de los recursos, lo que permitía a la empresa evadir costes y realizar inversiones mínimas. "Un equipo de resonancias paraba cada dos por tres con averías graves, y la radioterapia era tan obsoleto que querían quitar el mantenimiento", relata.
En resumen, Isabel González destaca que las concesiones a empresas privadas para gestionar hospitales públicos son una fórmula que permite obtener beneficios económicos a costa del servicio público. "Es el modus operandi de estas concesiones", advierte.
Para la exdirectora general de la Alta Inspección Sanitaria de la Generalitat Valenciana, las concesiones a empresas privadas para gestionar hospitales públicos son una fórmula que permite obtener beneficios económicos a costa del servicio público. "Los pacientes rentables son los que presentan patologías específicas y cuyo tratamiento es más costoso", explica.
En el caso del Hospital de Alzira, la gerente revela que los médicos obtenían incentivos económicos por captar pacientes de otros departamentos de salud que acudían al hospital. "Efectivamente, teníamos contactos con amigos y conocidos para conseguir pacientes fuera del departamento", admite.
Además, González señala que el sistema opaco de la empresa había dificultado la supervisión y control de los recursos, lo que permitía a la empresa evadir costes y realizar inversiones mínimas. "Un equipo de resonancias paraba cada dos por tres con averías graves, y la radioterapia era tan obsoleto que querían quitar el mantenimiento", relata.
En resumen, Isabel González destaca que las concesiones a empresas privadas para gestionar hospitales públicos son una fórmula que permite obtener beneficios económicos a costa del servicio público. "Es el modus operandi de estas concesiones", advierte.