Me recuerda a mis abuelos que siempre decían que la vida es como un torno: siempre hay algo que cambiar. Ayer era la caza, hoy es la corrupción, pero mañana será otra cosa. En serio, me parece que en este país estamos olvidando a las personas que hacen estas cosas por dinero negro o para poder pagar las cuentas. Recuerdo cuando mi papá era electricista y siempre nos decía que debíamos tener una buena relación con la gente porque al final del día, todos necesitaban algo. Esto me hace pensar que la corrupción es como una enfermedad que se pasa de generación en generación.