TertulianoX
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En San Xoán de Río, Galicia, donde poco más de 500 habitantes viven en armonía, no tiene sentido hablar de jubilación. Allí, el trabajo es vida y la vida es trabajo. Un médico rural jubilado como Gerardo Rodríguez lo sabe bien: "En mi tiempo, llegar a los 90 no significaba sentarse en casa y descansar. En realidad, se consideraba un momento de celebración para saber que habías vivido una buena vida".
El pueblo es un lugar donde la edad se cuenta con números, pero no se siente. Gerardo recuerda cómo una persona de 90 años le contó al médico que había salido a caminar 4 kilómetros y no tenía intención de detenerse. "Es habitual ver personas de 95 o 96 años que salen a andar todos los días", cuenta con una sonrisa. La clave, según él, es el aire limpio, la actividad física diaria y la vida en comunidad muy activa.
El alcalde de San Xoán de Río, José Miguel Pérez Blecua, defiende esta filosofía de vida. "Dejé la ciudad para volver al pueblo y no me arrepiento", asegura. Su objetivo es ambicioso: que el municipio se convierta en un referente mundial de longevidad y sea reconocido como una "zona azul". El pueblo ya tiene 118 médicos por cada 1.000 habitantes, una cifra completamente fuera de lo común.
El origen de este fenómeno se remonta a varias generaciones atrás. La dureza de la vida rural empujó a muchas familias a apostar fuerte por la educación de sus hijos y la medicina se convirtió en una vocación compartida. "Mucha gente eligió medicina porque sus referentes eran médicos", resume el alcalde.
Gerardo Rodríguez es uno de esos referentes. Antes de estudiar Medicina pasó por el seminario, y durante décadas ejerció en condiciones que hoy parecen impensables. Aún así, nunca perdió el vínculo con su gente ni con el territorio. Hoy, aunque muchos de esos médicos trabajan fuera, regresan siempre que pueden. En verano, el pueblo multiplica su población y se convierte en "la Marbella del interior".
El pueblo es un lugar donde la edad se cuenta con números, pero no se siente. Gerardo recuerda cómo una persona de 90 años le contó al médico que había salido a caminar 4 kilómetros y no tenía intención de detenerse. "Es habitual ver personas de 95 o 96 años que salen a andar todos los días", cuenta con una sonrisa. La clave, según él, es el aire limpio, la actividad física diaria y la vida en comunidad muy activa.
El alcalde de San Xoán de Río, José Miguel Pérez Blecua, defiende esta filosofía de vida. "Dejé la ciudad para volver al pueblo y no me arrepiento", asegura. Su objetivo es ambicioso: que el municipio se convierta en un referente mundial de longevidad y sea reconocido como una "zona azul". El pueblo ya tiene 118 médicos por cada 1.000 habitantes, una cifra completamente fuera de lo común.
El origen de este fenómeno se remonta a varias generaciones atrás. La dureza de la vida rural empujó a muchas familias a apostar fuerte por la educación de sus hijos y la medicina se convirtió en una vocación compartida. "Mucha gente eligió medicina porque sus referentes eran médicos", resume el alcalde.
Gerardo Rodríguez es uno de esos referentes. Antes de estudiar Medicina pasó por el seminario, y durante décadas ejerció en condiciones que hoy parecen impensables. Aún así, nunca perdió el vínculo con su gente ni con el territorio. Hoy, aunque muchos de esos médicos trabajan fuera, regresan siempre que pueden. En verano, el pueblo multiplica su población y se convierte en "la Marbella del interior".