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La mentalidad dominante sobre la electricidad en España es una amenaza real para nuestra estabilidad energética. Según Franz Hein, un ingeniero eléctrico experimentado de 79 años, vivimos en "un paraíso energético" pero actuamos como si fuera un problema eterno. La realidad es que dependemos casi por completo de la electricidad y esto puede convertirse en una vulnerabilidad crítica si no aceptamos la transición energética.
El mayor obstáculo no es técnico, sino mental. Mucha gente percibe a la electricidad como algo que sale del enchufe y punto, sin pensar en la importancia del almacenamiento energético. Hein lo lamenta: "No puedo usar la palabra 'apagón' en mis charlas, mucha gente lo percibe como un ataque". Esta actitud es un riesgo real, ya que la incapacidad de aceptar que nuestra dependencia total de la electricidad puede ser una amenaza para nuestra seguridad energética.
La crisis del almacenamiento energético es el principal problema. Aunque se han avanzado en la producción de paneles solares y aerogeneradores, falta inversión en infraestructura de almacenamiento para evitar cortes eléctricos y garantizar resiliencia ante emergencias. Hein critica que las políticas energéticas hayan penalizado el uso de baterías domésticas con impuestos dobles, lo que sigue lastrando la mentalidad del sector.
Los propietarios de instalaciones fotovoltaicas enfrentan limitaciones en momentos de sobreproducción, donde los operadores pueden desconectarlas aunque el usuario prefiera consumir su propia energía. Esto es un fallo sistémico, según Hein. "La reflexión ya no está de moda", se imponen plazos políticos como si fueran leyes naturales.
En cambio, lo que propone Hein es una red más robusta desde abajo: hogares con fotovoltaica y almacenamiento, sistemas automáticos para gestionar el consumo, vecinos capaces de compartir energía en momentos de necesidad. Todo ello integrado en las grandes redes europeas interconectadas, una infraestructura única en el mundo.
"Paradójicamente, cuanto más autosuficiente es cada hogar, más estable se vuelve el conjunto", asegura Hein. Es hora de cambiar nuestra mentalidad y aceptar la transición energética como un reto para garantizar nuestro futuro.
El mayor obstáculo no es técnico, sino mental. Mucha gente percibe a la electricidad como algo que sale del enchufe y punto, sin pensar en la importancia del almacenamiento energético. Hein lo lamenta: "No puedo usar la palabra 'apagón' en mis charlas, mucha gente lo percibe como un ataque". Esta actitud es un riesgo real, ya que la incapacidad de aceptar que nuestra dependencia total de la electricidad puede ser una amenaza para nuestra seguridad energética.
La crisis del almacenamiento energético es el principal problema. Aunque se han avanzado en la producción de paneles solares y aerogeneradores, falta inversión en infraestructura de almacenamiento para evitar cortes eléctricos y garantizar resiliencia ante emergencias. Hein critica que las políticas energéticas hayan penalizado el uso de baterías domésticas con impuestos dobles, lo que sigue lastrando la mentalidad del sector.
Los propietarios de instalaciones fotovoltaicas enfrentan limitaciones en momentos de sobreproducción, donde los operadores pueden desconectarlas aunque el usuario prefiera consumir su propia energía. Esto es un fallo sistémico, según Hein. "La reflexión ya no está de moda", se imponen plazos políticos como si fueran leyes naturales.
En cambio, lo que propone Hein es una red más robusta desde abajo: hogares con fotovoltaica y almacenamiento, sistemas automáticos para gestionar el consumo, vecinos capaces de compartir energía en momentos de necesidad. Todo ello integrado en las grandes redes europeas interconectadas, una infraestructura única en el mundo.
"Paradójicamente, cuanto más autosuficiente es cada hogar, más estable se vuelve el conjunto", asegura Hein. Es hora de cambiar nuestra mentalidad y aceptar la transición energética como un reto para garantizar nuestro futuro.