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"La primera crítica que recuerdo haber hecho fue: qué edificios de mierda". Es así como se expresó Esteban Go, el influencer colombiano que desafía a la industria del diseño con sus duras opiniones sobre arquitectura y decoración. Desde su estudio en Medellín, Esteban no tiene problema en desmontar los edificios de moda, como las sillas Panton o los sofás Chesterfield, considerados "tumores con botones" por él.
El joven influencer, que se graduó en Derecho y luego trabajó en una agencia de publicidad especializada en interiorismo, ha vuelto a convertirse en un invitado temible en las redes sociales. Con más de medio millón de seguidores en Instagram y TikTok, Esteban no tiene problema en criticar los diseños que encuentre feos o poco originales.
"Acá vos vas por la calle y excepto alguno como el de Rogelio Salmona todos los que ves son o extremadamente feos o sacados de plantillas de Revit. La primera crítica que recuerdo haber hecho fue: qué edificios de mierda", se queja Esteban, refiriéndose a su propia infancia en Medellín donde solía pasear con su novia para ver edificios.
Pero quién sabe si alguien se atreverá a desembolsar la mensualidad de 20 millones de pesos (unos 4.300 euros) que cuesta subscribirse a su oferta de "silencio digital y paz visual". Esteban Go, quien ha convertido en un invitado temible en las redes sociales con sus duras opiniones sobre diseño, está dispuesto a pagar lo que sea para seguir siendo él mismo.
La pregunta es: ¿se dará el caso de que Esteban vaya por un camino más conservador, donde los edificios coloniales sean su estilo de preferencia? Solo el tiempo dirá si su criterio no varía tanto como para acabar con uno de esos "tumores con botones".
El joven influencer, que se graduó en Derecho y luego trabajó en una agencia de publicidad especializada en interiorismo, ha vuelto a convertirse en un invitado temible en las redes sociales. Con más de medio millón de seguidores en Instagram y TikTok, Esteban no tiene problema en criticar los diseños que encuentre feos o poco originales.
"Acá vos vas por la calle y excepto alguno como el de Rogelio Salmona todos los que ves son o extremadamente feos o sacados de plantillas de Revit. La primera crítica que recuerdo haber hecho fue: qué edificios de mierda", se queja Esteban, refiriéndose a su propia infancia en Medellín donde solía pasear con su novia para ver edificios.
Pero quién sabe si alguien se atreverá a desembolsar la mensualidad de 20 millones de pesos (unos 4.300 euros) que cuesta subscribirse a su oferta de "silencio digital y paz visual". Esteban Go, quien ha convertido en un invitado temible en las redes sociales con sus duras opiniones sobre diseño, está dispuesto a pagar lo que sea para seguir siendo él mismo.
La pregunta es: ¿se dará el caso de que Esteban vaya por un camino más conservador, donde los edificios coloniales sean su estilo de preferencia? Solo el tiempo dirá si su criterio no varía tanto como para acabar con uno de esos "tumores con botones".