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Un recorrido por el mapa de carreteras del Imperio romano: "la extensión se dobla a la mitad"
El Imperio romano estaba tan conectado que una vía podía unir hasta cuatro ciudades. El reciente estudio, publicado en <i>Scientific Data</i>, ha llevado al desarrollo de un atlas digital de las vías romanas, que plasmó cada tramo con tecnología GIS. Los investigadores combinaron textos históricos, mapas topográficos y fotografías satelitales para reconstruir el mapa de carreteras de hace 2.000 años.
El trabajo revela que las calzadas romanas superaban los 299 kilómetros, con una extensión que se dobla a la mitad respecto a lo que se creía. Además, solo en España, estas vías romanas sobrepasaban los 40.000 km.
Los autores del estudio estiman que un tercio de las calzadas conectaron los principales centros urbanos, mientras que dos tercios restantes unían poblaciones a escala local o regional. Sin embargo, solo se conserva con certeza el 2,7% del kilometraje.
En los trabajos arqueológicos, los investigadores han encontrado pistas de la existencia de calzadas romanas en casi el 90%, pero estos no tienen certeza sobre su trazado. Para imaginar cada tramo, se recurre a herramientas GIS que unen puntos disponibles como puentes romanos o miliarios y consideran la topografía del terreno.
Las calzadas romanas fueron fundamentales para el mantenimiento del Imperio, según Adam Pažout, historiador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y coautor del estudio. "Eran un andamiaje que permitía proyectar el poder romano", explica.
Sin embargo, estas vías también facilitaron la propagación de enfermedades y plagas que debilitaron al Imperio. Además, las calzadas pudieron ser las vías de entrada de las sucesivas invasiones bárbaras.
En España, el legado romano se mantiene en las ciudades europeas, ya que "el tejido urbano europeo es una herencia de Roma", afirma Pau de Soto.
El Imperio romano estaba tan conectado que una vía podía unir hasta cuatro ciudades. El reciente estudio, publicado en <i>Scientific Data</i>, ha llevado al desarrollo de un atlas digital de las vías romanas, que plasmó cada tramo con tecnología GIS. Los investigadores combinaron textos históricos, mapas topográficos y fotografías satelitales para reconstruir el mapa de carreteras de hace 2.000 años.
El trabajo revela que las calzadas romanas superaban los 299 kilómetros, con una extensión que se dobla a la mitad respecto a lo que se creía. Además, solo en España, estas vías romanas sobrepasaban los 40.000 km.
Los autores del estudio estiman que un tercio de las calzadas conectaron los principales centros urbanos, mientras que dos tercios restantes unían poblaciones a escala local o regional. Sin embargo, solo se conserva con certeza el 2,7% del kilometraje.
En los trabajos arqueológicos, los investigadores han encontrado pistas de la existencia de calzadas romanas en casi el 90%, pero estos no tienen certeza sobre su trazado. Para imaginar cada tramo, se recurre a herramientas GIS que unen puntos disponibles como puentes romanos o miliarios y consideran la topografía del terreno.
Las calzadas romanas fueron fundamentales para el mantenimiento del Imperio, según Adam Pažout, historiador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y coautor del estudio. "Eran un andamiaje que permitía proyectar el poder romano", explica.
Sin embargo, estas vías también facilitaron la propagación de enfermedades y plagas que debilitaron al Imperio. Además, las calzadas pudieron ser las vías de entrada de las sucesivas invasiones bárbaras.
En España, el legado romano se mantiene en las ciudades europeas, ya que "el tejido urbano europeo es una herencia de Roma", afirma Pau de Soto.