El cortisol, esa hormona del estrés que nos hace sentir incómodos con el ruido de las alamas. ¿Es realmente nuestra peor enemiga? La respuesta es no. Según los expertos, este sistema hormonal, que ayuda a nuestro cuerpo a reaccionar ante situaciones que nos ponen a prueba, no es una maldición.
La realidad es que el estrés no es lo que pensamos. No es un enemigo que nos perseguirá hasta la muerte y nos robará nuestra paz de mente. Es un mecanismo natural que nuestro cuerpo utiliza para sobrevivir ante las adversidades. Cuando se trata de una situación crónica, sí puede tener consecuencias negativas en nuestra salud, pero eso es un problema diferente.
La doctora Felicia Hanzu, coordinadora del Área de Neuroendocrinología de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, nos explica que el cortisol tiene un ritmo circadiano muy importante. "Por la mañana está 10 veces más alto que por la noche", dice. "Es como si tuviéramos una alarma en la cabeza que nos recuerda que es hora de levantarnos y empezar el día". Esto no es algo que debamos temer, sino que es un señalador que nos ayuda a regular nuestro metabolismo.
Antonio Cano, psicólogo y catedrático, también defiende la importancia del cortisol. "Cuando estamos estresados, nuestros cuerpos producen una hormona que nos permite reaccionar ante las situaciones adversas", explica. La pregunta es cómo manejar esta hormona de manera efectiva.
El problema es cuando el estrés se convierte en crónico y altera nuestra capacidad de defensa. Cuando estamos estresados durante mucho tiempo, nuestro cuerpo se desajusta a la realidad y no puede funcionar como debería. Esto puede llevar a problemas de salud, como una bajada de las defensas, problemas nutricionales, dificultades para dormir, aumento de la presión arterial... Pero eso es un problema diferente del cortisol en sí mismo.
En realidad, el cortisol es necesario para nuestro bienestar. Ayuda a regular nuestro metabolismo, reduce la inflamación y controla los niveles de azúcar en sangre o presión arterial. También ayuda a adaptar nuestro cuerpo a las situaciones de estrés, aumentando nuestros niveles de energía y preparándonos para enfrentar un peligro o situación de emergencia.
Por eso, la misión no es eliminar el cortisol, sino controlarlo. Cuando aparecen índices altos de cortisol, significa que hay un nivel de estrés elevado. Esto puede deberse a una falta de recursos, a una sobrecarga de trabajo o a cualquier otra causa.
En conclusión, el cortisol no es nuestro enemigo. Es una hormona natural que nuestro cuerpo utiliza para sobrevivir ante las adversidades. Lo importante es aprender a manejarla de manera efectiva, sin anestesiarla. Cuando comprendamos esto, podremos disfrutar de una vida más equilibrada y saludable.
La realidad es que el estrés no es lo que pensamos. No es un enemigo que nos perseguirá hasta la muerte y nos robará nuestra paz de mente. Es un mecanismo natural que nuestro cuerpo utiliza para sobrevivir ante las adversidades. Cuando se trata de una situación crónica, sí puede tener consecuencias negativas en nuestra salud, pero eso es un problema diferente.
La doctora Felicia Hanzu, coordinadora del Área de Neuroendocrinología de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, nos explica que el cortisol tiene un ritmo circadiano muy importante. "Por la mañana está 10 veces más alto que por la noche", dice. "Es como si tuviéramos una alarma en la cabeza que nos recuerda que es hora de levantarnos y empezar el día". Esto no es algo que debamos temer, sino que es un señalador que nos ayuda a regular nuestro metabolismo.
Antonio Cano, psicólogo y catedrático, también defiende la importancia del cortisol. "Cuando estamos estresados, nuestros cuerpos producen una hormona que nos permite reaccionar ante las situaciones adversas", explica. La pregunta es cómo manejar esta hormona de manera efectiva.
El problema es cuando el estrés se convierte en crónico y altera nuestra capacidad de defensa. Cuando estamos estresados durante mucho tiempo, nuestro cuerpo se desajusta a la realidad y no puede funcionar como debería. Esto puede llevar a problemas de salud, como una bajada de las defensas, problemas nutricionales, dificultades para dormir, aumento de la presión arterial... Pero eso es un problema diferente del cortisol en sí mismo.
En realidad, el cortisol es necesario para nuestro bienestar. Ayuda a regular nuestro metabolismo, reduce la inflamación y controla los niveles de azúcar en sangre o presión arterial. También ayuda a adaptar nuestro cuerpo a las situaciones de estrés, aumentando nuestros niveles de energía y preparándonos para enfrentar un peligro o situación de emergencia.
Por eso, la misión no es eliminar el cortisol, sino controlarlo. Cuando aparecen índices altos de cortisol, significa que hay un nivel de estrés elevado. Esto puede deberse a una falta de recursos, a una sobrecarga de trabajo o a cualquier otra causa.
En conclusión, el cortisol no es nuestro enemigo. Es una hormona natural que nuestro cuerpo utiliza para sobrevivir ante las adversidades. Lo importante es aprender a manejarla de manera efectiva, sin anestesiarla. Cuando comprendamos esto, podremos disfrutar de una vida más equilibrada y saludable.