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Venezuela, el escenario de una nueva guerra fría. La Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos revela su disconformidad con la evolución del país y, más allá, su preocupación por los intereses chinos en América Latina.
Un documento de 77 páginas, que se hizo público hace un mes, contiene un lenguaje característico de "Trump" y resume las claves de la estrategia de seguridad estadounidense. En primer lugar, se anuncia una vuelta a la doctrina Monroe, según la cual América es propiedad de Estados Unidos. También afirma que la fuerza es necesaria para lograr la paz y que la adhesión al no intervencionismo no es posible.
Pero lo más llamativo del documento es su destinatario: China. Aunque algunos analistas ya han señalado esta conexión, ahora se confirma que la estrategia estadounidense busca frenar el creciente papel de Pekín en América Latina. La explicación está en el hecho de que China es el principal socio comercial de Sudamérica, y su Iniciativa para la Franja y la Ruta ha invertido enormes sumas en infraestructuras en la región.
Estados Unidos no puede permitir que una nación se vuelva tan dominante como para amenazar sus intereses. China, por otro lado, busca ganar un terreno duradero en el Sur Global, utilizando a los BRICS como su caballo de Troya. La presencia china en América Latina es cada vez más evidente, desde la construcción de puertos marítimos hasta la fortalecida alianza militar con países como Venezuela.
En mayo pasado, durante la apertura del Foro China-CELAC, el presidente Xi Jinping presentó un plan de cinco pilares que institucionalizará la presencia china en el hemisferio occidental. Esto genera preocupaciones significativas para Estados Unidos y se refleja en la mencionada Estrategia Nacional de Seguridad.
La guerra fría entre Estados Unidos y China por América Latina ha comenzado a tomar forma, con Venezuela como escenario clave. La estrategia estadounidense busca frenar el avance chino, pero Pekín parece preparada para enfrentar a su competidor en la región. La tensión aumenta y el destino de América Latina está cada vez más decidido por los intereses globales.
Un documento de 77 páginas, que se hizo público hace un mes, contiene un lenguaje característico de "Trump" y resume las claves de la estrategia de seguridad estadounidense. En primer lugar, se anuncia una vuelta a la doctrina Monroe, según la cual América es propiedad de Estados Unidos. También afirma que la fuerza es necesaria para lograr la paz y que la adhesión al no intervencionismo no es posible.
Pero lo más llamativo del documento es su destinatario: China. Aunque algunos analistas ya han señalado esta conexión, ahora se confirma que la estrategia estadounidense busca frenar el creciente papel de Pekín en América Latina. La explicación está en el hecho de que China es el principal socio comercial de Sudamérica, y su Iniciativa para la Franja y la Ruta ha invertido enormes sumas en infraestructuras en la región.
Estados Unidos no puede permitir que una nación se vuelva tan dominante como para amenazar sus intereses. China, por otro lado, busca ganar un terreno duradero en el Sur Global, utilizando a los BRICS como su caballo de Troya. La presencia china en América Latina es cada vez más evidente, desde la construcción de puertos marítimos hasta la fortalecida alianza militar con países como Venezuela.
En mayo pasado, durante la apertura del Foro China-CELAC, el presidente Xi Jinping presentó un plan de cinco pilares que institucionalizará la presencia china en el hemisferio occidental. Esto genera preocupaciones significativas para Estados Unidos y se refleja en la mencionada Estrategia Nacional de Seguridad.
La guerra fría entre Estados Unidos y China por América Latina ha comenzado a tomar forma, con Venezuela como escenario clave. La estrategia estadounidense busca frenar el avance chino, pero Pekín parece preparada para enfrentar a su competidor en la región. La tensión aumenta y el destino de América Latina está cada vez más decidido por los intereses globales.