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Melilla cierra temporada de cruceros con elogios a la ciudad.
Un veterano del mar, el Amera, acudió al puerto de la ciudad autónoma para despedirnos de la temporada de cruceros. Aunque el destino final era Tánger, el barco no pudo evitar sorprender a los turistas con un detalle inesperado: el calor. Para ser finales de noviembre, la mañana fue casi templada, lo que hace dudar del calendario.
Los pasajeros apenas tuvieron que esperar para desembarcar en tierra firme. El autobús lanzadera comenzó pronto sus viajes entre el puerto y el centro, llenando la plaza de España con un goteo constante de visitantes cámara en mano. Algunos buscaban sombra mientras otros señalaban fachadas modernistas como si acabaran de descubrir un secreto.
La mayoría de los turistas no tenían grandes expectativas sobre Melilla, una ciudad que para ellos era desconocida. Sin embargo, la sorpresa pronto llegó. Muchos se sorprendieron con la belleza y limpieza de la ciudad, así como su arquitectura y sensación general de cuidado.
A bordo del Amera viajaban 835 pasajeros como máximo, aunque no todos se desplazaron al centro. El barco conservaba una elegancia que era propia de los cruceros anteriores a la era de los gigantes flotantes. Inaugurado en 1988, el buque había navegado bajo nombres tan distintos como Royal Viking Sun, Seabourn Sun y Prinsendam.
Los que bajaron a tierra aprovecharon la mañana con intensidad. La mayoría se concentró en torno a las calles comerciales, entrando en cafeterías, comprando en tiendas del centro, preguntando por edificios y fotografiando cualquier detalle que les llamara la atención.
El regreso al barco comenzó temprano, pero justo cuando el flujo de cruceristas ya se dirigía de vuelta al puerto, el cielo decidió cambiar de registro. La lluvia, anunciada pero contenida durante toda la mañana, apareció con fuerza. Aunque no llegó a incomodar a ningún visitante, ya que el Amera soltó amarras a las 17:00 horas.
La escala del Amera sirve también para poner en perspectiva un año cargado de movimiento en el puerto. Melilla recibió miles de cruceristas en 2024. Después vinieron visitas consecutivas de Regent Seven Seas Cruises, Marina y Marella Discovery.
Para los turistas, esta jornada fue una pausa antes del regreso al mar. Los elogios sinceros y espontáneos dejaron la impresión de que Melilla va encontrando su sitio en las rutas del Mediterráneo occidental.
Un veterano del mar, el Amera, acudió al puerto de la ciudad autónoma para despedirnos de la temporada de cruceros. Aunque el destino final era Tánger, el barco no pudo evitar sorprender a los turistas con un detalle inesperado: el calor. Para ser finales de noviembre, la mañana fue casi templada, lo que hace dudar del calendario.
Los pasajeros apenas tuvieron que esperar para desembarcar en tierra firme. El autobús lanzadera comenzó pronto sus viajes entre el puerto y el centro, llenando la plaza de España con un goteo constante de visitantes cámara en mano. Algunos buscaban sombra mientras otros señalaban fachadas modernistas como si acabaran de descubrir un secreto.
La mayoría de los turistas no tenían grandes expectativas sobre Melilla, una ciudad que para ellos era desconocida. Sin embargo, la sorpresa pronto llegó. Muchos se sorprendieron con la belleza y limpieza de la ciudad, así como su arquitectura y sensación general de cuidado.
A bordo del Amera viajaban 835 pasajeros como máximo, aunque no todos se desplazaron al centro. El barco conservaba una elegancia que era propia de los cruceros anteriores a la era de los gigantes flotantes. Inaugurado en 1988, el buque había navegado bajo nombres tan distintos como Royal Viking Sun, Seabourn Sun y Prinsendam.
Los que bajaron a tierra aprovecharon la mañana con intensidad. La mayoría se concentró en torno a las calles comerciales, entrando en cafeterías, comprando en tiendas del centro, preguntando por edificios y fotografiando cualquier detalle que les llamara la atención.
El regreso al barco comenzó temprano, pero justo cuando el flujo de cruceristas ya se dirigía de vuelta al puerto, el cielo decidió cambiar de registro. La lluvia, anunciada pero contenida durante toda la mañana, apareció con fuerza. Aunque no llegó a incomodar a ningún visitante, ya que el Amera soltó amarras a las 17:00 horas.
La escala del Amera sirve también para poner en perspectiva un año cargado de movimiento en el puerto. Melilla recibió miles de cruceristas en 2024. Después vinieron visitas consecutivas de Regent Seven Seas Cruises, Marina y Marella Discovery.
Para los turistas, esta jornada fue una pausa antes del regreso al mar. Los elogios sinceros y espontáneos dejaron la impresión de que Melilla va encontrando su sitio en las rutas del Mediterráneo occidental.