LatinoEnRedCultural
Well-known member
Un hombre de 31 años, acusado de acabar con la vida de una mujer de 63 años en El Palmar, Murcia, ha afirmado en el juicio que se quedó con el hijo de la víctima en "ir a medias" tras robar una supuesta herencia.
El presunto homicida sostiene que la relación entre ellos fue complicada desde un principio, ya que el chico se quejaba de que su madre le había quitado dinero y había instalado cámaras para controlar sus movimientos. También ha dicho que el hijo lo presionó varias veces para urdir un plan para robarle a la mujer una herencia de 20.000 a 30.000 euros.
El hombre asegura que, tras acceder a la idea del robo, quedaron en un plan en el que él saldría de casa y conduciría hasta Molina de Segura para dejar una videoconsola en una tienda, mientras que el hijo se quedaría en su casa. En caso de ser descubiertos, ambos acordaron decir que eran "moros" contratados por una compañera del trabajo con quien habían tenido algún conflicto.
Sin embargo, el hombre ha explicado que cuando llegó a la vivienda de la víctima se encontró con que esta no tenía nada y que, al reconocer su voz, comenzó a nerviosarse. "Me puse nervioso, empecé a darle golpes", ha dicho para justificar su actitud.
En el momento del crimen, el hombre ha afirmado que saltó a la terraza de la casa de al lado y se rompió una pierna al caer, lo que le permitió escapar. El hijo de la víctima ha insistido en su inocencia y ha asegurado que nunca se sintió presionado ni agobiado por su madre.
El juicio continúa y los argumentos de ambos acusados se van sumando a una historia de complicidad y mentiras, que parece estar lejos de ser resuelta.
El presunto homicida sostiene que la relación entre ellos fue complicada desde un principio, ya que el chico se quejaba de que su madre le había quitado dinero y había instalado cámaras para controlar sus movimientos. También ha dicho que el hijo lo presionó varias veces para urdir un plan para robarle a la mujer una herencia de 20.000 a 30.000 euros.
El hombre asegura que, tras acceder a la idea del robo, quedaron en un plan en el que él saldría de casa y conduciría hasta Molina de Segura para dejar una videoconsola en una tienda, mientras que el hijo se quedaría en su casa. En caso de ser descubiertos, ambos acordaron decir que eran "moros" contratados por una compañera del trabajo con quien habían tenido algún conflicto.
Sin embargo, el hombre ha explicado que cuando llegó a la vivienda de la víctima se encontró con que esta no tenía nada y que, al reconocer su voz, comenzó a nerviosarse. "Me puse nervioso, empecé a darle golpes", ha dicho para justificar su actitud.
En el momento del crimen, el hombre ha afirmado que saltó a la terraza de la casa de al lado y se rompió una pierna al caer, lo que le permitió escapar. El hijo de la víctima ha insistido en su inocencia y ha asegurado que nunca se sintió presionado ni agobiado por su madre.
El juicio continúa y los argumentos de ambos acusados se van sumando a una historia de complicidad y mentiras, que parece estar lejos de ser resuelta.