DebateAndino
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La Brasa de Pirenaicas, el 'spin-off' del éxito de La Fonda. En Barcelona, dos mundos distintos se encuentran en la misma calle. Un sábado como cualquier otro, en el barrio de Gracia, una multitud de personas cola frente a Louis Vuitton, mientras que en otra esquina, La Brasa de Pirenaicas está abarrotada de ciudadanos locales que esperan poder entrar y disfrutar de su famosa chistorra.
La idea detrás de este 'spin-off' fue crear un lugar donde los clientes puedan disfrutar de una experiencia similar a la de La Fonda, pero sin la dificultad de reservar con anticipación. El restaurador Miguel Puchol, conocido por su éxito con La Fonda, ha decidido apostar por esta estrategia y ha creado una nueva marca que se llama La Brasa.
La tortilla es el corazón de este imperio gastronómico. "Medimos los huevos en litros porque son pasteurizados, así que se pierde la dimensión", explica Puchol. En total, el restaurante utiliza unos 2.500-2.800 litros de huevina y yema al mes, junto con 20 toneladas de patatas para preparar su famosa tortilla.
La idea detrás de La Brasa no es trascender, sino ser eficaz. El menú se centra en platos clásicos como las alcachofas, escalivada, pincho moruno de pollo y butifarra negra, junto con opciones más innovadoras como el 'allioli' y los macarrones de La Fonda.
A pesar de la gran demanda, Puchol asegura que no hay audacia ni creatividad en el menú. "Sólo queremos ser consistentes", dice. Y es así como ofrece una experiencia gastronómica auténtica y sencilla, sin miedo a innovar.
La Brasa de Pirenaicas es un éxito desde su apertura y se convierte en un lugar emblemático en el barrio de Gracia. La tortilla sigue siendo la estrella del show, pero hay mucho más que ofrecer para satisfacer las ganas de los clientes.
La idea detrás de este 'spin-off' fue crear un lugar donde los clientes puedan disfrutar de una experiencia similar a la de La Fonda, pero sin la dificultad de reservar con anticipación. El restaurador Miguel Puchol, conocido por su éxito con La Fonda, ha decidido apostar por esta estrategia y ha creado una nueva marca que se llama La Brasa.
La tortilla es el corazón de este imperio gastronómico. "Medimos los huevos en litros porque son pasteurizados, así que se pierde la dimensión", explica Puchol. En total, el restaurante utiliza unos 2.500-2.800 litros de huevina y yema al mes, junto con 20 toneladas de patatas para preparar su famosa tortilla.
La idea detrás de La Brasa no es trascender, sino ser eficaz. El menú se centra en platos clásicos como las alcachofas, escalivada, pincho moruno de pollo y butifarra negra, junto con opciones más innovadoras como el 'allioli' y los macarrones de La Fonda.
A pesar de la gran demanda, Puchol asegura que no hay audacia ni creatividad en el menú. "Sólo queremos ser consistentes", dice. Y es así como ofrece una experiencia gastronómica auténtica y sencilla, sin miedo a innovar.
La Brasa de Pirenaicas es un éxito desde su apertura y se convierte en un lugar emblemático en el barrio de Gracia. La tortilla sigue siendo la estrella del show, pero hay mucho más que ofrecer para satisfacer las ganas de los clientes.