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No es necesario guardar vino para disfrutarlo siempre. La mayoría de los vinos se consumen el año después de su cosecha, y en algunos casos incluso antes.
La clave está en encontrar vinos que tengan una estructura química adecuada para mantenerse frescos. No hay relación directa entre el color del vino y su conservación. Por ejemplo, vinos blancos como los Riesling de Alsacia o Alemania pueden guardar bien.
Por otro lado, los vinos ligeros con baja acidez y taninos no deben guardarse porque perderán aroma y sabor. Solo un pequeño porcentaje del vino mejora después de un año en botella, y apenas el 1% lo hace tras un lustro.
El objetivo es ralentizar la evolución del vino, y aquí el factor decisivo es la temperatura. La constancia y alejamiento de fuentes de calor como hornos o radiadores son fundamentales. Las fluctuaciones bruscas son grandes enemigas del vino.
La oscuridad también es una condición no negociable. La luz, especialmente la luz solar, degrada irreversiblemente los aromas y sabores del vino, en un proceso conocido como "enfermedad de la luz". Por mucho que queramos preservar nuestra botella mostrándola en la estantería del salón, estamos perjudicando su conservación.
La posición es menos importante que las dos anteriores. Las botellas deben colocarse horizontalmente para evitar que el corcho se seque y se contraiga.
Los refrigeradores no son ideales porque el compresor está vibrando todo el rato. Pero es lo mejor que puede hacer mucha gente para mantener una temperatura constante de 15 grados.
El panadero recomienda "el enemigo del aire", al igual que Fernando García del Río, quien recomienda beber vino lo antes posible. "Hay muy pocos vinos en el mundo que tengan una longevidad muy alta, por eso cuestan lo que cuestan".
La clave está en encontrar vinos que tengan una estructura química adecuada para mantenerse frescos. No hay relación directa entre el color del vino y su conservación. Por ejemplo, vinos blancos como los Riesling de Alsacia o Alemania pueden guardar bien.
Por otro lado, los vinos ligeros con baja acidez y taninos no deben guardarse porque perderán aroma y sabor. Solo un pequeño porcentaje del vino mejora después de un año en botella, y apenas el 1% lo hace tras un lustro.
El objetivo es ralentizar la evolución del vino, y aquí el factor decisivo es la temperatura. La constancia y alejamiento de fuentes de calor como hornos o radiadores son fundamentales. Las fluctuaciones bruscas son grandes enemigas del vino.
La oscuridad también es una condición no negociable. La luz, especialmente la luz solar, degrada irreversiblemente los aromas y sabores del vino, en un proceso conocido como "enfermedad de la luz". Por mucho que queramos preservar nuestra botella mostrándola en la estantería del salón, estamos perjudicando su conservación.
La posición es menos importante que las dos anteriores. Las botellas deben colocarse horizontalmente para evitar que el corcho se seque y se contraiga.
Los refrigeradores no son ideales porque el compresor está vibrando todo el rato. Pero es lo mejor que puede hacer mucha gente para mantener una temperatura constante de 15 grados.
El panadero recomienda "el enemigo del aire", al igual que Fernando García del Río, quien recomienda beber vino lo antes posible. "Hay muy pocos vinos en el mundo que tengan una longevidad muy alta, por eso cuestan lo que cuestan".