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"Chucho Valdés conjura magia en Melilla con un concierto inolvidable de jazz en la UNED"
La noche de martes fue épica, el salón de actos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Melilla se convirtió en una platea improvisada para la leyenda del jazz cubana Chucho Valdés. La expectativa estaba sobre la mesa, por primera vez en Melilla, Chucho Valdés actuaba como apertura de las XXX Jornadas de Jazz de la UNED, y todo el público se sintió afortunado de poder presenciar esta experiencia única.
Al emergir en escena con su característico estilo, Chucho Valdés cautivó al público con una mezcla perfecta de técnica y emoción. Sus dedos desbordaban la maestría en el piano, marcando melodías que eran alegres y enigmáticas, que subían y bajaban en intensidad y ritmo, con una naturalidad que desbordaba técnica y emoción. El público se fundió en aplausos y ovaciones al verlo aparecer, y muchas personas se levantaron para darle la bienvenida de pie.
La noche fue un viaje musical que cubrió toda la atmósfera, del blues a los standards y baladas cubanas, invitando al público a bailar en una calle de La Habana. Pero también conoció momentos de melancolía, donde las notas aflojaban el ritmo como si despertaras de un estado de insurrección bucólica. Y, de nuevo, la alegría.
Chucho Valdés traspasó la barrera de la belleza musical, no se tratava solo de ritmo o armonía, era un lenguaje emocional y visceral que narraba sin palabras. Te trasladaba a una historia, como si fuese la banda sonora de una película que te permitía descubrir momentos álgidos de la narrativa y luego te devuelve a un estado de apaciguamiento.
En esta noche inolvidable, Chucho Valdés mostró su habilidad, destreza, compás y figura, levantando al público melillense. Fue una experiencia única que no solo fue disfrutar de la música, sino ser parte de algo. Fue viajar con él, estar en Nueva Orleans o en La Habana, sentir las emociones y los sentidos se desbordaban.
En resumen, esta noche fue un concierto inolvidable de jazz que dejó una marca indeleble en el corazón del público melillense. Chucho Valdés conjura magia en Melilla con su presencia única y su música que nos transporta a otros mundos.
La noche de martes fue épica, el salón de actos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Melilla se convirtió en una platea improvisada para la leyenda del jazz cubana Chucho Valdés. La expectativa estaba sobre la mesa, por primera vez en Melilla, Chucho Valdés actuaba como apertura de las XXX Jornadas de Jazz de la UNED, y todo el público se sintió afortunado de poder presenciar esta experiencia única.
Al emergir en escena con su característico estilo, Chucho Valdés cautivó al público con una mezcla perfecta de técnica y emoción. Sus dedos desbordaban la maestría en el piano, marcando melodías que eran alegres y enigmáticas, que subían y bajaban en intensidad y ritmo, con una naturalidad que desbordaba técnica y emoción. El público se fundió en aplausos y ovaciones al verlo aparecer, y muchas personas se levantaron para darle la bienvenida de pie.
La noche fue un viaje musical que cubrió toda la atmósfera, del blues a los standards y baladas cubanas, invitando al público a bailar en una calle de La Habana. Pero también conoció momentos de melancolía, donde las notas aflojaban el ritmo como si despertaras de un estado de insurrección bucólica. Y, de nuevo, la alegría.
Chucho Valdés traspasó la barrera de la belleza musical, no se tratava solo de ritmo o armonía, era un lenguaje emocional y visceral que narraba sin palabras. Te trasladaba a una historia, como si fuese la banda sonora de una película que te permitía descubrir momentos álgidos de la narrativa y luego te devuelve a un estado de apaciguamiento.
En esta noche inolvidable, Chucho Valdés mostró su habilidad, destreza, compás y figura, levantando al público melillense. Fue una experiencia única que no solo fue disfrutar de la música, sino ser parte de algo. Fue viajar con él, estar en Nueva Orleans o en La Habana, sentir las emociones y los sentidos se desbordaban.
En resumen, esta noche fue un concierto inolvidable de jazz que dejó una marca indeleble en el corazón del público melillense. Chucho Valdés conjura magia en Melilla con su presencia única y su música que nos transporta a otros mundos.