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El adolescente es una etapa compleja y desafiante para las familias. En este momento, su identidad se está definando y se enfrentan cambios físicos, psicológicos, cognitivos, sociales y emocionales.
Según la autora de "Ponte en mi lugar", Carmina Benamunt, es fundamental que los padres conecten con su adolescente interior. Eso significa mirarse a sí mismos con honestidad y reconocer miedos, ganas, contradicciones y luchas internas. Cuando un adulto hace este viaje, deja de educar desde la herida o exigencia para educar desde la empatía. El objetivo es que el adolescente sienta visto, validado y acompañado por un adulto emocionalmente presente.
Benamunt expone que es importante centrarse en el vínculo antes que en la conducta. Cuando hay conexión, se pueden hablar, pactar y construir. Sin embargo, cuando no hay vínculo, independientemente de las normas o reglas impuestas, los adolescentes no las integran.
La autora también destaca la importancia de liderar sin controlar. Liderar significa guiar desde la coherencia interna, la calma y límites claros que protegen, no que oprimen.
Para reducir conflictos en casa, Benamunt sugiere reformular el lenguaje, utilizar una comunicación con "L" de líder. También propone aplicar el modelo PALMERA: presencia, acuerdos, comunicación de liderazgo, mantener la calma, empatía y responsabilidad.
Benamunt destaca que uno de los errores más comunes cometidos por los padres al acompañar a sus hijos adolescentes es intentar ayudar sin pedir permiso y sin darse cuenta de que muchas veces esa ayuda invalida. También observa que algunos padres corrigen más que validan, lo que rompe la conexión.
En situaciones en las que una familia se siente desbordada, Benamunt recuerda que es importante recordar que el vínculo es más importante que la razón. No se trata de ganar discusiones sino de ganar relación.
Según la autora de "Ponte en mi lugar", Carmina Benamunt, es fundamental que los padres conecten con su adolescente interior. Eso significa mirarse a sí mismos con honestidad y reconocer miedos, ganas, contradicciones y luchas internas. Cuando un adulto hace este viaje, deja de educar desde la herida o exigencia para educar desde la empatía. El objetivo es que el adolescente sienta visto, validado y acompañado por un adulto emocionalmente presente.
Benamunt expone que es importante centrarse en el vínculo antes que en la conducta. Cuando hay conexión, se pueden hablar, pactar y construir. Sin embargo, cuando no hay vínculo, independientemente de las normas o reglas impuestas, los adolescentes no las integran.
La autora también destaca la importancia de liderar sin controlar. Liderar significa guiar desde la coherencia interna, la calma y límites claros que protegen, no que oprimen.
Para reducir conflictos en casa, Benamunt sugiere reformular el lenguaje, utilizar una comunicación con "L" de líder. También propone aplicar el modelo PALMERA: presencia, acuerdos, comunicación de liderazgo, mantener la calma, empatía y responsabilidad.
Benamunt destaca que uno de los errores más comunes cometidos por los padres al acompañar a sus hijos adolescentes es intentar ayudar sin pedir permiso y sin darse cuenta de que muchas veces esa ayuda invalida. También observa que algunos padres corrigen más que validan, lo que rompe la conexión.
En situaciones en las que una familia se siente desbordada, Benamunt recuerda que es importante recordar que el vínculo es más importante que la razón. No se trata de ganar discusiones sino de ganar relación.