IdeasCriollasX
Well-known member
La búsqueda de un refugio seguro en la sociedad de consumo. La generación Z, cuya identidad se asocia a la tecnología y el "influencer", ya está decidida: quiere casarse. Sí, los veinteañeros están optando por las cadenas matrimoniales, para escapar de la incertidumbre económica y las relaciones superficiales. Un impulso que se llama "buenos propósitos" y que les permite sentirse seguros en un mundo imprevisible.
Hace unos años, la idea de casarse era algo reservado para los 30 o incluso 40 años, pero ahora es una edad más temprana. Los datos señalan que la generación Z está más conservadora que sus padres en temas como la política y la religión. Incluso beben menos. Lo mismo ocurre con el amor: un 86% de los chicos de esta generación asegura que se quiere casar.
La razón detrás de este cambio es simple: buscar seguridad frente a la precariedad económica, las ansiedades y las relaciones superficiales. Una búsqueda de estabilidad en un mundo que cada día se vuelve más incierto. Y no solo se trata del matrimonio, sino también de las formas de vivir una vida sana y responsable.
Un tonto reto viral puede tener esa lectura: "diciembre es el nuevo enero". Un mes para cumplir con los buenos propósitos bajo el hashtag #TikTokero. ¡Levántate a las cinco, lee 10 páginas de un libro cada noche y ve al gimnasio! Resulta difícil, pero así empezarás el año con claro cómo quieres que sea 2026.
La obsesión por el control y la vida sana es también consecuencia de estos tiempos líquidos. Los jóvenes se sienten incómodos con el ritmo vertiginoso del cambio y deciden centrarse en lo que pueden influir. La anécdota de Caitlin Moran ilustra bien este choque generacional: "¿Qué es para ti lo normal? ¿Qué es eso a lo que volveremos?"
Hace unos años, la idea de casarse era algo reservado para los 30 o incluso 40 años, pero ahora es una edad más temprana. Los datos señalan que la generación Z está más conservadora que sus padres en temas como la política y la religión. Incluso beben menos. Lo mismo ocurre con el amor: un 86% de los chicos de esta generación asegura que se quiere casar.
La razón detrás de este cambio es simple: buscar seguridad frente a la precariedad económica, las ansiedades y las relaciones superficiales. Una búsqueda de estabilidad en un mundo que cada día se vuelve más incierto. Y no solo se trata del matrimonio, sino también de las formas de vivir una vida sana y responsable.
Un tonto reto viral puede tener esa lectura: "diciembre es el nuevo enero". Un mes para cumplir con los buenos propósitos bajo el hashtag #TikTokero. ¡Levántate a las cinco, lee 10 páginas de un libro cada noche y ve al gimnasio! Resulta difícil, pero así empezarás el año con claro cómo quieres que sea 2026.
La obsesión por el control y la vida sana es también consecuencia de estos tiempos líquidos. Los jóvenes se sienten incómodos con el ritmo vertiginoso del cambio y deciden centrarse en lo que pueden influir. La anécdota de Caitlin Moran ilustra bien este choque generacional: "¿Qué es para ti lo normal? ¿Qué es eso a lo que volveremos?"