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Nuestra civilización se encuentra ante un punto de no retorno: ¿defendemos la salud global y la cooperación o perderemos una década entera? La realidad geopolítica se está desmoronando, y con ella, los fundamentos mismos del bienestar humano están siendo sometidos a una presión sin precedentes. No solo Estados Unidos está poniendo en riesgo la estabilidad internacional, sino que toda la arquitectura global se está derrumbando.
La cooperación internacional, que salvó 92 millones de vidas en los últimos veinte años, enfrenta su mayor desafío. La ayuda al desarrollo ya no es un lujo, sino una obligación moral y ética para garantizar la supervivencia humana. Pero la realidad es que muchos países están retrocediendo en sus compromisos con la cooperación internacional.
El caso de España es paradigmático. Aunque el gobierno ha anunciado un aumento en la ayuda oficial al desarrollo (AOD), los fondos gestionados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAEUEC) se han reducido en 5% en 2024. La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que es la principal entidad responsable de la cooperación española, ha perdido peso dentro del conjunto de la cooperación internacional.
La salud es un tema central en esta crisis global. El mundo necesita un sistema de salud universal y accesible para todos. Pero los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) están siendo alcanzados a rato. Solo el 10% de las metas relacionadas con la salud han sido cumplidas, lo que refleja una falta de compromiso y coherencia en la política española.
La crisis humanitaria global es un ejemplo alarmante del fracaso de la cooperación internacional. Más de 323 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, y el conflicto en Gaza ha generado la hambruna más grave desde que se registró en 1945. La situación es inaceptable.
Es hora de exigir acción concreta a los gobiernos. Debemos garantizar el respeto de los convenios internacionales humanitarios y proteger a las personas vulnerables. La salud mental y el apoyo psicosocial no son luces, sino derechos que deben ser integrados en la respuesta humanitaria desde el principio.
La cooperación internacional es una estrategia de supervivencia colectiva. Defendernos contra esta crisis global requiere un compromiso común y coherente entre todos los países. La ayuda oficial al desarrollo debe aumentar, no reducirse. Y España tiene la obligación moral de liderar este esfuerzo.
No podemos retroceder en nuestra responsabilidad. Debemos defender la cooperación, proteger los sistemas de salud y construir un multilateralismo fuerte. Cada decisión que tomemos ahora puede acercarnos a un mundo donde el derecho a la salud sea una realidad para todas las personas.
La cooperación internacional, que salvó 92 millones de vidas en los últimos veinte años, enfrenta su mayor desafío. La ayuda al desarrollo ya no es un lujo, sino una obligación moral y ética para garantizar la supervivencia humana. Pero la realidad es que muchos países están retrocediendo en sus compromisos con la cooperación internacional.
El caso de España es paradigmático. Aunque el gobierno ha anunciado un aumento en la ayuda oficial al desarrollo (AOD), los fondos gestionados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAEUEC) se han reducido en 5% en 2024. La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que es la principal entidad responsable de la cooperación española, ha perdido peso dentro del conjunto de la cooperación internacional.
La salud es un tema central en esta crisis global. El mundo necesita un sistema de salud universal y accesible para todos. Pero los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) están siendo alcanzados a rato. Solo el 10% de las metas relacionadas con la salud han sido cumplidas, lo que refleja una falta de compromiso y coherencia en la política española.
La crisis humanitaria global es un ejemplo alarmante del fracaso de la cooperación internacional. Más de 323 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, y el conflicto en Gaza ha generado la hambruna más grave desde que se registró en 1945. La situación es inaceptable.
Es hora de exigir acción concreta a los gobiernos. Debemos garantizar el respeto de los convenios internacionales humanitarios y proteger a las personas vulnerables. La salud mental y el apoyo psicosocial no son luces, sino derechos que deben ser integrados en la respuesta humanitaria desde el principio.
La cooperación internacional es una estrategia de supervivencia colectiva. Defendernos contra esta crisis global requiere un compromiso común y coherente entre todos los países. La ayuda oficial al desarrollo debe aumentar, no reducirse. Y España tiene la obligación moral de liderar este esfuerzo.
No podemos retroceder en nuestra responsabilidad. Debemos defender la cooperación, proteger los sistemas de salud y construir un multilateralismo fuerte. Cada decisión que tomemos ahora puede acercarnos a un mundo donde el derecho a la salud sea una realidad para todas las personas.