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La sociedad sigue etiquetando a las mujeres que padecen enfermedades mentales como histéricas, locas o demasiado susceptibles. Pero Ana, una mujer de 45 años, quiere cambiar esta percepción y hablar sobre sus experiencias personales.
Ana comienza su testimonio desde su infancia, donde comenzó a recibir apoyo psicológico a los diecisiete años debido a la violencia familiar, desatención y abusos sexuales que sufrió. A pesar de haber recibido ayuda, no pudo explicar los abusos, lo que llevó al sistema a tardar en diagnosticar su enfermedad mental.
A medida que Ana crecía, comenzaba a recibir tratamiento psiquiátrico. Sin embargo, el diagnóstico inicial fue erróneo y tuvo que pasar por varios brotes psicóticos antes de encontrar la respuesta correcta. Ana agradece el apoyo del Hospital Clínic y la medicación que le ha permitido "vivir la vida más en paz".
Pero lo que realmente molesta a Ana es que exista una brecha de género en la medicina, donde las mujeres se ven sobremedicadas. La menopausia, por ejemplo, puede aumentar los síntomas y la dosis de medicación de antipsicóticos en mujeres con esquizofrenia.
Las profesionales del Clínic Rosa Catalán, Rafael Penadés y Alba Roca destacan que las directrices en relación a los tratamientos van dirigidas al conocimiento científico basado en los resultados con hombres. Por lo tanto, hay una falta de atención hacia las necesidades específicas de las mujeres durante las diferentes fases de la vida.
La demanda de Ana y otras profesionales es que se desarrollen directrices de prescripción adaptadas y específicas para las mujeres. Esto tendría que tener en cuenta los ajustes necesarios durante la menopausia, por ejemplo.
En general, la sociedad sigue estigmatizando a las mujeres que padecen enfermedades mentales, lo que puede aumentar su vulnerabilidad. La reivindicación creciente de las profesionales y las personas afectadas busca cambiar esta percepción y promover una mayor comprensión y atención hacia las necesidades específicas de las mujeres en salud mental.
Ana comienza su testimonio desde su infancia, donde comenzó a recibir apoyo psicológico a los diecisiete años debido a la violencia familiar, desatención y abusos sexuales que sufrió. A pesar de haber recibido ayuda, no pudo explicar los abusos, lo que llevó al sistema a tardar en diagnosticar su enfermedad mental.
A medida que Ana crecía, comenzaba a recibir tratamiento psiquiátrico. Sin embargo, el diagnóstico inicial fue erróneo y tuvo que pasar por varios brotes psicóticos antes de encontrar la respuesta correcta. Ana agradece el apoyo del Hospital Clínic y la medicación que le ha permitido "vivir la vida más en paz".
Pero lo que realmente molesta a Ana es que exista una brecha de género en la medicina, donde las mujeres se ven sobremedicadas. La menopausia, por ejemplo, puede aumentar los síntomas y la dosis de medicación de antipsicóticos en mujeres con esquizofrenia.
Las profesionales del Clínic Rosa Catalán, Rafael Penadés y Alba Roca destacan que las directrices en relación a los tratamientos van dirigidas al conocimiento científico basado en los resultados con hombres. Por lo tanto, hay una falta de atención hacia las necesidades específicas de las mujeres durante las diferentes fases de la vida.
La demanda de Ana y otras profesionales es que se desarrollen directrices de prescripción adaptadas y específicas para las mujeres. Esto tendría que tener en cuenta los ajustes necesarios durante la menopausia, por ejemplo.
En general, la sociedad sigue estigmatizando a las mujeres que padecen enfermedades mentales, lo que puede aumentar su vulnerabilidad. La reivindicación creciente de las profesionales y las personas afectadas busca cambiar esta percepción y promover una mayor comprensión y atención hacia las necesidades específicas de las mujeres en salud mental.