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"La amabilidad de una madre, el apoyo de un padre: Amaya Valdemoro habla sobre su vida, su carrera y su camino hacia la cima"
En las sombras del mundo del baloncesto, hay historias que se entienden con el corazón. La de Amaya Valdemoro es una de ellas. Una historia de pasión, competitividad y superación. Una mujer que ha conquistado el mundo, pero no sin haber enfrentado sus propios miedos y debilidades.
Para Amaya, el baloncesto siempre ha sido más que un deporte. Ha sido su vida. Con más de dos décadas de carrera en la espalda, ha demostrado ser una de las mejores jugadoras del mundo. Pero detrás de esa sonrisa segura y ese gesto confiado, hay una historia de lucha y superación.
"En la élite me he sentido muy sola muchas veces", admite Amaya al hablar con nuestra revista. "Cuanto más arriba estás, más solo te sientes". Una reflexión que puede resumirse en su propia vida. Desde los 14 años, cuando se fue a jugar en Salamanca, hasta convertirse en una de las mejores jugadoras del mundo.
Pero la ambición y la competitividad no siempre han sido fáciles de manejar. Amaya habla sobre cómo tenía que cambiar su forma de ser para adaptarse al juego en Estados Unidos, donde se convirtió en una de las mejores jugadoras de la WNBA. "Me marcó mucho porque vi lo que era el deporte profesional", recuerda. "En España iba a por todas en los entrenamientos, chocaba, y no entendía cómo toda la gente no era igual que yo".
La ambición también ha sido un factor clave en su carrera. Amaya habla sobre cómo se convirtió en una de las primeras jugadoras españolas en ser elegidas en el draft de la WNBA, y cómo eso le dio una gran visibilidad fuera de España.
"Pero hay algo que me ha hecho sentirme más sola: ver a mis compañeras jugar conmigo", admite. "Tenía muchísima más presión porque entrenaban lo mismo que yo, era duro para ellas". Es una reflexión que puede resumirse en su propia vida. Desde los entrenamientos hasta las derrotas, Amaya ha estado siempre bajo el escrutinio.
Pero la superación es algo que Amaya sabe bien. "He aprendido más de las derrotas que de las victorias", dice con una sonrisa. "Cuando ganas no piensas que has hecho nada mal". Es una actitud que ha llevado a Amaya a conquistar el mundo del baloncesto, pero también a enfrentar sus propios miedos y debilidades.
La retirada fue difícil, admite. "Me quitaron el motor que me movía, la competición, ganar o perder". Pero hoy en día, Amaya es una mujer feliz. Ha aprendido más de las derrotas que de las victorias, y sabe cómo vivir la vida fuera del baloncesto.
La historia de Amaya Valdemoro es una historia de pasión, competitividad y superación. Una historia que nos recuerda que, aunque el deporte puede ser un camino difícil y exigente, también puede ser una forma de superación y logro personal.
En las sombras del mundo del baloncesto, hay historias que se entienden con el corazón. La de Amaya Valdemoro es una de ellas. Una historia de pasión, competitividad y superación. Una mujer que ha conquistado el mundo, pero no sin haber enfrentado sus propios miedos y debilidades.
Para Amaya, el baloncesto siempre ha sido más que un deporte. Ha sido su vida. Con más de dos décadas de carrera en la espalda, ha demostrado ser una de las mejores jugadoras del mundo. Pero detrás de esa sonrisa segura y ese gesto confiado, hay una historia de lucha y superación.
"En la élite me he sentido muy sola muchas veces", admite Amaya al hablar con nuestra revista. "Cuanto más arriba estás, más solo te sientes". Una reflexión que puede resumirse en su propia vida. Desde los 14 años, cuando se fue a jugar en Salamanca, hasta convertirse en una de las mejores jugadoras del mundo.
Pero la ambición y la competitividad no siempre han sido fáciles de manejar. Amaya habla sobre cómo tenía que cambiar su forma de ser para adaptarse al juego en Estados Unidos, donde se convirtió en una de las mejores jugadoras de la WNBA. "Me marcó mucho porque vi lo que era el deporte profesional", recuerda. "En España iba a por todas en los entrenamientos, chocaba, y no entendía cómo toda la gente no era igual que yo".
La ambición también ha sido un factor clave en su carrera. Amaya habla sobre cómo se convirtió en una de las primeras jugadoras españolas en ser elegidas en el draft de la WNBA, y cómo eso le dio una gran visibilidad fuera de España.
"Pero hay algo que me ha hecho sentirme más sola: ver a mis compañeras jugar conmigo", admite. "Tenía muchísima más presión porque entrenaban lo mismo que yo, era duro para ellas". Es una reflexión que puede resumirse en su propia vida. Desde los entrenamientos hasta las derrotas, Amaya ha estado siempre bajo el escrutinio.
Pero la superación es algo que Amaya sabe bien. "He aprendido más de las derrotas que de las victorias", dice con una sonrisa. "Cuando ganas no piensas que has hecho nada mal". Es una actitud que ha llevado a Amaya a conquistar el mundo del baloncesto, pero también a enfrentar sus propios miedos y debilidades.
La retirada fue difícil, admite. "Me quitaron el motor que me movía, la competición, ganar o perder". Pero hoy en día, Amaya es una mujer feliz. Ha aprendido más de las derrotas que de las victorias, y sabe cómo vivir la vida fuera del baloncesto.
La historia de Amaya Valdemoro es una historia de pasión, competitividad y superación. Una historia que nos recuerda que, aunque el deporte puede ser un camino difícil y exigente, también puede ser una forma de superación y logro personal.