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Los humanos modernos ya utilizaban flechas envenenadas hace unos 60.000 años, según hallazgo reciente en Sudáfrica que pone de manifiesto capacidades mentales avanzadas.
Un equipo de investigadores liderado por el arqueólogo Sven Isaksson analizó los restos químicos de sustancias tóxicas conservados en diminutas puntas de flecha de piedra, conocidas como microlitos. En cinco de las diez muestras halladas en el yacimiento de Umhlatuzana Rock Shelter, en la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal, se identificaron dos alcaloides tóxicos de origen vegetal: bupandrina y epibufanisina.
Estas sustancias proceden de la planta Boophone disticha y pueden ser letales en roedores con pequeñas cantidades. En el caso de humanos, los síntomas incluyen náuseas, flacidez muscular, alteración visual, parálisis respiratoria, modificación del pulso y coma.
El equipo detalla que la Boophone disticha ha sido utilizada por comunidades cazadoras-recolectoras para impregnar flechas con veneno, pero en bajas dosis puede tener efectos medicinales. El hallazgo nos habla también del conocimiento botánico de aquellos grupos humanos.
Las flechas envenenadas no estaban diseñadas para matar al instante, sino que tenían un efecto retardado: el animal herido huye, pero el veneno actúa lentamente y lo debilita hasta que colapsa. Mientras, el cazador debe seguir su rastro durante kilómetros.
El equipo encontró microlitos con fracturas y microestrías típicas del impacto como proyectiles, así como restos de adhesivos complejos mezclados con pigmentos minerales. El arqueólogo Sven Isaksson tuvo que ajustar los protocolos utilizados en el laboratorio para asegurarse de que estuvieran intactas y no contaminadas.
La clave del hallazgo reside en las condiciones excepcionales del yacimiento sudafricano donde se encontraron las flechas: la conservación de las propiedades químicas de las capas del lugar favoreció la preservación de los residuos. Estudios geoquímicos previos han demostrado que el suelo ha sufrido muy poca alteración por la actividad de organismos vivos.
El hallazgo nos da una visión más clara de las capacidades mentales avanzadas de los humanos modernos, según afirma Sven Isaksson. "Estamos hablando de humanos con habilidades cognitivas adelantadas y conocimientos culturales complejos".
Un equipo de investigadores liderado por el arqueólogo Sven Isaksson analizó los restos químicos de sustancias tóxicas conservados en diminutas puntas de flecha de piedra, conocidas como microlitos. En cinco de las diez muestras halladas en el yacimiento de Umhlatuzana Rock Shelter, en la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal, se identificaron dos alcaloides tóxicos de origen vegetal: bupandrina y epibufanisina.
Estas sustancias proceden de la planta Boophone disticha y pueden ser letales en roedores con pequeñas cantidades. En el caso de humanos, los síntomas incluyen náuseas, flacidez muscular, alteración visual, parálisis respiratoria, modificación del pulso y coma.
El equipo detalla que la Boophone disticha ha sido utilizada por comunidades cazadoras-recolectoras para impregnar flechas con veneno, pero en bajas dosis puede tener efectos medicinales. El hallazgo nos habla también del conocimiento botánico de aquellos grupos humanos.
Las flechas envenenadas no estaban diseñadas para matar al instante, sino que tenían un efecto retardado: el animal herido huye, pero el veneno actúa lentamente y lo debilita hasta que colapsa. Mientras, el cazador debe seguir su rastro durante kilómetros.
El equipo encontró microlitos con fracturas y microestrías típicas del impacto como proyectiles, así como restos de adhesivos complejos mezclados con pigmentos minerales. El arqueólogo Sven Isaksson tuvo que ajustar los protocolos utilizados en el laboratorio para asegurarse de que estuvieran intactas y no contaminadas.
La clave del hallazgo reside en las condiciones excepcionales del yacimiento sudafricano donde se encontraron las flechas: la conservación de las propiedades químicas de las capas del lugar favoreció la preservación de los residuos. Estudios geoquímicos previos han demostrado que el suelo ha sufrido muy poca alteración por la actividad de organismos vivos.
El hallazgo nos da una visión más clara de las capacidades mentales avanzadas de los humanos modernos, según afirma Sven Isaksson. "Estamos hablando de humanos con habilidades cognitivas adelantadas y conocimientos culturales complejos".