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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció recientemente que aumentará el presupuesto de Defensa del país en un 50% hasta los 1.500.000 millones de dólares en 2027. Este salto de más de un 50% sobre la partida actual llega tras la intervención militar en Venezuela y el anuncio del control político y económico total del país caribeño, con amenazas abiertas sobre Groenlandia.
El impacto fue inmediato, ya que las subidas marcadas del sector armamentístico en Wall Street reflejan los mercados' asunción de que el anuncio puede traducirse en nuevos contratos millonarios. Sin embargo, la respuesta bursátil chocó con las dudas que el anuncio volvió a abrir sobre la sostenibilidad del gasto público.
Trump justificó el aumento como una cuestión de seguridad nacional y aseguró que permitiría proteger al país "independientemente del enemigo". También defendió que la cifra no surge de la nada, sino de conversaciones prolongadas con el Congreso. Aun así, el volumen del salto (600.000 millones de dólares más) vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda en Washington: cuánto más puede crecer el gasto militar sin disparar un déficit que ya pesa sobre las cuentas federales, y hasta donde está dispuesto a llegar Trump unilateralmente.
El aumento del gasto militar supondría un salto a gran escala, ya que tanto Trump como el presidente Joe Biden, cuando tomó el relevo en 2020, elevaron el gasto militar a su llegada. Sin embargo, la propuesta se materializará sólo si el Congreso aprueba el presupuesto, lo cual no es garantizado.
El problema es que esos ingresos por los aranceles ya tienen otros destinatarios, designados por el propio Trump. Los primeros a los que el magnate señaló hace meses fueron los sectores golpeados por su política comercial, en especial a los granjeros a los que ha prometido recompensar.
El salto presupuestario se produce en medio de una creciente tensión internacional. En los últimos días, y tras la entrada en Venezuela y detención de Nicolás Maduro, el Ejército de EEUU interceptó un petrolero con bandera rusa por una presunta violación de las sanciones. Todo ello aporta un telón de fondo al anuncio de Trump de aumentar drásticamente el gasto militar, mientras se expone y crea nuevos conflictos regionales.
En América Latina, Trump ha llegado a amenazar con explotar los recursos petroleros de Venezuela bajo presión militar. En el Ártico, volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de anexionar Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca y aliado en la OTAN, reavivando el malestar entre socios europeos.
La propuesta deberá pasar ahora por el Congreso, donde no todos ven viable ni deseable una subida de este calibre. Pero el mensaje ya está lanzado: más gasto, más presión geopolítica y un complejo militar que, al menos por ahora, vuelve a cotizar al alza.
El impacto fue inmediato, ya que las subidas marcadas del sector armamentístico en Wall Street reflejan los mercados' asunción de que el anuncio puede traducirse en nuevos contratos millonarios. Sin embargo, la respuesta bursátil chocó con las dudas que el anuncio volvió a abrir sobre la sostenibilidad del gasto público.
Trump justificó el aumento como una cuestión de seguridad nacional y aseguró que permitiría proteger al país "independientemente del enemigo". También defendió que la cifra no surge de la nada, sino de conversaciones prolongadas con el Congreso. Aun así, el volumen del salto (600.000 millones de dólares más) vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda en Washington: cuánto más puede crecer el gasto militar sin disparar un déficit que ya pesa sobre las cuentas federales, y hasta donde está dispuesto a llegar Trump unilateralmente.
El aumento del gasto militar supondría un salto a gran escala, ya que tanto Trump como el presidente Joe Biden, cuando tomó el relevo en 2020, elevaron el gasto militar a su llegada. Sin embargo, la propuesta se materializará sólo si el Congreso aprueba el presupuesto, lo cual no es garantizado.
El problema es que esos ingresos por los aranceles ya tienen otros destinatarios, designados por el propio Trump. Los primeros a los que el magnate señaló hace meses fueron los sectores golpeados por su política comercial, en especial a los granjeros a los que ha prometido recompensar.
El salto presupuestario se produce en medio de una creciente tensión internacional. En los últimos días, y tras la entrada en Venezuela y detención de Nicolás Maduro, el Ejército de EEUU interceptó un petrolero con bandera rusa por una presunta violación de las sanciones. Todo ello aporta un telón de fondo al anuncio de Trump de aumentar drásticamente el gasto militar, mientras se expone y crea nuevos conflictos regionales.
En América Latina, Trump ha llegado a amenazar con explotar los recursos petroleros de Venezuela bajo presión militar. En el Ártico, volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de anexionar Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca y aliado en la OTAN, reavivando el malestar entre socios europeos.
La propuesta deberá pasar ahora por el Congreso, donde no todos ven viable ni deseable una subida de este calibre. Pero el mensaje ya está lanzado: más gasto, más presión geopolítica y un complejo militar que, al menos por ahora, vuelve a cotizar al alza.