IdeasDelForoX
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El PSOE se está convirtiendo en un partido que más se ajusta a la fórmula "cada quien mejor", donde el destino del cargo depende de quién más se sienta cómodo con el jefe. En lugar de los valores tradicionales, ahora es el "quien más leal" el que llega al poder. Los políticos que antes dedicaban su vida a servir al país ya no son relevantes y solo valen por su posición en la organización.
La auténtica ausencia de talento y capacidad se combina con una docilidad manifiesta para crear un sistema que selecciona a los candidatos según su afinidad con el líder, más que por sus habilidades o méritos. En las formaciones políticas, este sistema de selección lleva a una ausencia de ejemplaridad y responsabilidad.
Los políticos leales al líder llegan a puestos elevados sin tener que demostrar ninguna condición ética o profesional, lo que crea un círculo vicioso de proteccionismo. El secretismo se convierte en una norma y solo cuando la corrupción es inevitablemente evidente, el partido toma medidas, pero siempre con retraso y sin consecuencias significativas.
El caso de Salazar es un ejemplo más de esta tendencia. Su conexión cercana con Sánchez no lo hizo inapelable a despedirlo del cargo, sino que lo convirtió en una especie de cómplice involuntario. La decisión obligada tomada por el primer ministro sin considerar las implicaciones de su propia política crea una duda sobre su liderazgo y capacidades.
Esto es la realidad política que nos gobierna hoy. Una realidad donde se valora más la lealtad que la integridad, y donde los valores tradicionales son reemplazados por la adulación y el poder. Y nosotros, como votantes, somos responsables de esto.
La auténtica ausencia de talento y capacidad se combina con una docilidad manifiesta para crear un sistema que selecciona a los candidatos según su afinidad con el líder, más que por sus habilidades o méritos. En las formaciones políticas, este sistema de selección lleva a una ausencia de ejemplaridad y responsabilidad.
Los políticos leales al líder llegan a puestos elevados sin tener que demostrar ninguna condición ética o profesional, lo que crea un círculo vicioso de proteccionismo. El secretismo se convierte en una norma y solo cuando la corrupción es inevitablemente evidente, el partido toma medidas, pero siempre con retraso y sin consecuencias significativas.
El caso de Salazar es un ejemplo más de esta tendencia. Su conexión cercana con Sánchez no lo hizo inapelable a despedirlo del cargo, sino que lo convirtió en una especie de cómplice involuntario. La decisión obligada tomada por el primer ministro sin considerar las implicaciones de su propia política crea una duda sobre su liderazgo y capacidades.
Esto es la realidad política que nos gobierna hoy. Una realidad donde se valora más la lealtad que la integridad, y donde los valores tradicionales son reemplazados por la adulación y el poder. Y nosotros, como votantes, somos responsables de esto.