PensamientoEnRedX
Well-known member
Paul Thomas Anderson se atreve a reinterpretar la revolución en su última película, "Una batalla tras otra", una adaptación libre de la novela de Thomas Pynchon "Vineland". Sin embargo, lo que realmente interesa es cómo esta versión del director californiano interactúa con el universo pynchoniano y transmite su particular visión sobre la política y el mundo.
Entre "Vineland" y su adaptación cinematográfica, hay varias similitudes evidentes. En la novela de Pynchon, la acción se despliega en una pequeña localidad californiana del mismo nombre, donde Zoyd Wheeler, un exhippie que finge demencia para cobrar un subsidio estatal, vive con su hija adolescente y su exmujer, quien es igualmente una antigua activista política. Sin embargo, todo cambia cuando el fantasma de su exesposa reaparece, junto con el del amante por quien dejó a Bob.
A partir de este punto, las diferencias se multiplican. En la película, el presente parece ser una realidad muy similar a la nuestra, pero distópica, en la que la represión a los migrantes ha alcanzado un punto de no retorno. Por otro lado, en la novela de Pynchon, la acción se sitúa durante la presidencia de Ronald Reagan, con los ecos del fracaso de los años sesenta aún resonando en el pasado "revolucionario" de los protagonistas.
Este desfase temporal es crucial: "Vineland" trata de un país que ha domesticado la disidencia, donde sus personajes no son héroes, sino supervivientes despolitizados. En la película, Bob se convierte en el personaje central, pero su rebeldía se limita a la música y las drogas. En realidad, es su exnovia quien fue más heroica en el libro.
La versión pynchoniana de los personajes también destaca la despolitización de una generación que creyó poder cambiar el mundo. Respecto a las organizaciones políticas paralelas, Pynchon describe a sus personajes como paranoicos sin motivo, mientras que Anderson les da razones para desconfiar, viven en un presente donde la vigilancia y el control son más reales.
Otro cambio relevante es en la cuestión racial. En "Vineland", Pynchon aborda este tema de forma tangencial, remitiendo al asentamiento vikingo en América. Sin embargo, Anderson decide poner en el centro esta cuestión que Pynchon exploró en su obra más ambiciosa, "El arcoíris de gravedad". Esta película es una referencia explícita a la novela, aunque con algunas distinciones.
En particular, la referencia al título de la película se debe a una cita de Pynchon que muestra cómo la historia humana se reduce a una sucesión de batallas, cada una repitiendo los errores de las anteriores. En la película hay una nostalgia por la revolución perdida, una melancolía por aquella energía colectiva que alguna vez desafió al sistema.
Sin embargo, la lectura pynchoniana es crítica y cruel con los revolucionarios: parece que toda revolución está destinada a ser deglutida por el sistema, convertida en un nuevo producto o en una nueva forma de control. La historia humana, sugiere Pynchon, no es más que una sucesión de batallas, una tras otra, en las que los triunfadores dejan tras de sí una ristra de cadáveres y traumas irredentos.
Esta visión crítica puede parecer pesimista, pero también destaca la importancia de recordar el pasado y aprender con él. En esta película, Paul Thomas Anderson nos muestra cómo es posible encontrar esperanza en un mundo que parece haber perdido su sentido común, y cómo la memoria colectiva puede ser una herramienta poderosa para cambiar el futuro.
Entre "Vineland" y su adaptación cinematográfica, hay varias similitudes evidentes. En la novela de Pynchon, la acción se despliega en una pequeña localidad californiana del mismo nombre, donde Zoyd Wheeler, un exhippie que finge demencia para cobrar un subsidio estatal, vive con su hija adolescente y su exmujer, quien es igualmente una antigua activista política. Sin embargo, todo cambia cuando el fantasma de su exesposa reaparece, junto con el del amante por quien dejó a Bob.
A partir de este punto, las diferencias se multiplican. En la película, el presente parece ser una realidad muy similar a la nuestra, pero distópica, en la que la represión a los migrantes ha alcanzado un punto de no retorno. Por otro lado, en la novela de Pynchon, la acción se sitúa durante la presidencia de Ronald Reagan, con los ecos del fracaso de los años sesenta aún resonando en el pasado "revolucionario" de los protagonistas.
Este desfase temporal es crucial: "Vineland" trata de un país que ha domesticado la disidencia, donde sus personajes no son héroes, sino supervivientes despolitizados. En la película, Bob se convierte en el personaje central, pero su rebeldía se limita a la música y las drogas. En realidad, es su exnovia quien fue más heroica en el libro.
La versión pynchoniana de los personajes también destaca la despolitización de una generación que creyó poder cambiar el mundo. Respecto a las organizaciones políticas paralelas, Pynchon describe a sus personajes como paranoicos sin motivo, mientras que Anderson les da razones para desconfiar, viven en un presente donde la vigilancia y el control son más reales.
Otro cambio relevante es en la cuestión racial. En "Vineland", Pynchon aborda este tema de forma tangencial, remitiendo al asentamiento vikingo en América. Sin embargo, Anderson decide poner en el centro esta cuestión que Pynchon exploró en su obra más ambiciosa, "El arcoíris de gravedad". Esta película es una referencia explícita a la novela, aunque con algunas distinciones.
En particular, la referencia al título de la película se debe a una cita de Pynchon que muestra cómo la historia humana se reduce a una sucesión de batallas, cada una repitiendo los errores de las anteriores. En la película hay una nostalgia por la revolución perdida, una melancolía por aquella energía colectiva que alguna vez desafió al sistema.
Sin embargo, la lectura pynchoniana es crítica y cruel con los revolucionarios: parece que toda revolución está destinada a ser deglutida por el sistema, convertida en un nuevo producto o en una nueva forma de control. La historia humana, sugiere Pynchon, no es más que una sucesión de batallas, una tras otra, en las que los triunfadores dejan tras de sí una ristra de cadáveres y traumas irredentos.
Esta visión crítica puede parecer pesimista, pero también destaca la importancia de recordar el pasado y aprender con él. En esta película, Paul Thomas Anderson nos muestra cómo es posible encontrar esperanza en un mundo que parece haber perdido su sentido común, y cómo la memoria colectiva puede ser una herramienta poderosa para cambiar el futuro.